| Enseñanzas del Maestro Tibetano |
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Los procesos de integración, son el resultado del trabajo evolutivo individual en el campo de la experiencia humana. Continuamente aprendemos a manejar la energía, que es la de Amor-Sabiduria y la aplicamos a nuestro crecimiento, en un proceso de suma. Cuando lo que actúa es la mente discriminadora, el proceso es el inverso, o sea la resta, la separación, la depuración.
Pero el ejemplo más elocuente lo tenemos en el propio hálito de vida que se expresa a través nuestro; esta vida no rechaza ninguna parte nuestra, ni la emocional ni la mental ni la física, su proceso es integrador y nosotros debemos aplicar este principio a nuestro entorno. Comporta también aprender a mantenernos en medio de los temporales, pues si no es así, o nos ahogaremos o seremos devorados y para este paso, nuestra mejor ayuda es la conciencia de ser y la mente amorosa. El cuerpo físico lo tenemos integrado, como raza, ya no hace falta esforzarnos en este campo, pero falta la integración mental-emocional y la integración final de los 3 en una personalidad funcionante.
A medida que avanza la evolución, la vida inteligente del individuo es estimulada progresivamente desde el Alma, hasta que logra controlar e integrar los 3 vehículos, etérico-emocional-mental. Una vez integrada la personalidad, se adquiere una autonomía que podríamos llamar libertad.
Finalmente, cuando el ser ha completado todas sus etapas de experiencia pasará a expresarse como Alma, lo cual implica la renuncia y entrega de la personalidad, podríamos hablar aquí de la verdadera muerte de la personalidad, que es el nacimiento del ser a una nueva vida. Tenemos un entrenamiento de este paso en cada muerte física que hemos experimentado a lo largo de múltiples encarnaciones.
Eso es lo que se viene en llamar la vuelta al Hogar, una apertura de conciencia a los planos causales, opacados en los ciclos de manifestación. Pero hay otro paso más sublime, cuando se ha agotado todo el karma, Jesús dió un ejemolo de ello cuando se apareció en el Monte de la Transfiguración a los discípulos. Desde ese momento, nuestro vehículo, será un cuerpo de luz.
Extraido de los libros de Alice A.Bailey

Nesher, Marzo 2009........ primavera, época de resurgir.


