Dialogar con nuestro cuerpo

 

La progresión de la vida es una sucesión de estados de equilibrio que son como escalones ascendentes. La propia Vida y el entorno dinámico nos pone frente a escenarios cambiantes que sucesivamente nos llevan nuevos retos a superar. Eso es el motor de nuestro crecimiento como seres humanos, y no hay que olvidar  que nosotros como creadores tenemos también influencia en el proceso.

 

Francesc, 08-12-2005

 

 

Tantas y tantas veces nos olvidamos de este templo en el que habitamos, que quiero romper una lanza a su favor. Nuestro cuerpo es en sí una máquina perfecta, por algo es el fruto de la inteligencia que destila la evolución planetaria. Cumple con anticipación su cometido y sirve para permitir la evolución del espíritu, sacrificando en esta simbiosis su propia naturaleza si es necesario. Su gran flexibilidad y adaptabilidad le confieren capacidad para sobrevivir a las exigencias variables del medio, nunca es estático, si un desarrollo es necesario se dará o dará pié a otra evolución.

 

Dispone de un umbral de estabilidad, a partir del cual inicia el movimiento de adaptación, en un equilibrio dinámico, que incluye una segunda capacidad de adaptarse a largo plazo. Esto le permite consolidar cambios más definitivos que afectarán a la descendencia. Si pensamos en la inteligencia y adaptabilidad global del sistema, frente a nuestra tendencia a adoptar posturas rígidas no podemos más que sonrojarnos.

 

Una máquina así, se ve sometida a los excesos, y a menudo es somatizada por los deseos o forzada por la mente para afirmar el “yo” en esas pruebas inhumanas como puede ser un tour de Francia en pleno verano a la hora de máxima insolación, o la misma maratón por el desierto. También es sometido a la influencia de sustancias nocivas, como pueden ser el tabaco el alcohol o la mala alimentación. Es moldeable, y con nuestra práctica logramos adaptarlo para que realice mejor las actividades que deseamos, por ejemplo, si es nuestro deseo ser admirados o aceptados por los demás, según nuestro criterio, iremos al gimnasio para estimular y enfatizar nuestra musculatura, o nos vestiremos elegantemente y refinaremos nuestro cuerpo al máximo. Cabe aún señalar otro tipo de abuso más sutil y aceptado, como es la negación de la vida de este cuerpo en personas con exacerbado enfoque espiritual, que simplemente se niegan a si mismos y privan al cuerpo de lo que le es básico, sometiéndolo a períodos de ayuno exagerados y hasta a verdaderas torturas físicas para doblegar los deseos y apetitos, como si el cuerpo fuera en sí el responsable de la proliferación de estos deseos.

 

Es indudable que el cuerpo desarrolla unas necesidades y apetencias establecidas inteligentemente por la fuerza que nos ha creado, a fin de perpetuar la especie, sobrevivir, y tener éxito como raza, pero de ninguna manera es el cuerpo el responsable de la distorsión y exageración de esos impulsos, sino la mente vinculada al “yo” y nuestra propia naturaleza emocional o astral, que nos induce a apegarnos, pues cree que en el logro de estos fines acallará la verdadera demanda, que es  interna.

 

El mecanismo de generación es el de búsqueda de una seguridad y estabilidad que nos permita una felicidad basada en una ilusión. Este estado de felicidad que buscamos durante toda nuestra vida, es en realidad un reflejo del estado natural del ser, y en nuestra torpeza no nos apercibimos de ello. ¿Alguien ha visto cometer excesos o centrarse en el sexo fuera del período de celo a un animal? Nuestro cuerpo también responde a una naturaleza de base animal, pero en él se dan procesos de un mayor refinamiento, su materia vibra a mayor nivel y desde este punto de vista, ¿por qué tendríamos que comportarnos peor que una ardilla por ejemplo?

 

Lo que sucede en nosotros, es el potenciamiento de esos impulsos y la concentración de nuestras energías mentales a través de proyecciones. El animal opera básicamente cuando el flujo hormonal le impulsa a ello, pero en nuestro caso, somos creadores potenciales, esos son los atributos que hemos heredado, pero como tenemos centrada nuestra conciencia y actividad en los planos inferiores de la manifestación, creamos en el plano astral o emocional, con deseos que son estimulados por la imaginación creadora, que nos lleva a veces de la mano a la confusión, a los excesos sexuales o a la actividad compulsiva que nos lleva a hacer cosas sin parar. 

 

En todo este proceso, como hemos olvidado cual es nuestra realidad y no somos conscientes de ello, forzamos a nuestro cuerpo físico y lo usamos inadecuadamente, lo que lo lleva más o menos rápidamente a la enfermedad.

 

Además, no hay que olvidar que todos estos excesos y deformaciones crean en su conjunto energías que deterioran el “medio ambiente del planeta”, y no me estoy refiriendo solo a la ecología que seria una parte del problema, sino a algo más amplio y sutil que nos afecta quizás aún más directamente si cabe. Estoy refiriéndome al conjunto de emociones o pensamientos malsanos que nos rodean por doquier, y también a la contaminación, que impide la correcta afluencia del prana que vitaliza a nuestras células. Esta “otra contaminación” afecta también al ser humano a través de sus centros etéricos, provocando desarmonia y desequilibrio.

 

La persona equilibrada, que sabe encontrar su Centro, automáticamente cuida de su cuerpo físico, y la salud surge como una consecuencia lógica, pues no hay que olvidar, que el estado natural del ser es el de la salud, nuestro cuerpo dispone de por sí los mecanismos adecuados para combatir las enfermedades que ha adquirido durante años de evolución, hasta asegurar la supervivencia. Lo que sucede es que en nuestras acciones, como aprendices de brujo, le sometemos a unas situaciones frente a las que aún no ha desarrollado mecanismos para defenderse.

 

Las respuestas defensivas del cuerpo no bastan para contrarrestar los impulsos emocionales o psicosomáticos, o la ingestión de tóxicos, pues desencadenan procesos que no son equilibrables desde la propia biología. El cuerpo se adapta como puede, e incluso aprende a convivir con algunas sustancias tóxicas, o a ajustar sus procesos vitales a la química desencadenada por los diferentes impactos. Todos conocemos en nuestro interior esta circunstancia, pero vivimos tan inmersos en nuestro “medio ambiente personal” que incluye todos los miedos, deseos, proyecciones, y metas, que no nos enteramos de la película, y así nos va la vida,  entretenidos como estamos en ver la cartelera del cine, sin entrar a disfrutar de lo que la película nos brinda en el interior.

 

El ser humano necesita un cuerpo en armonía, solo así encontraremos un equilibrio que nos permita sentirnos bien. No me refiero solo al cuerpo físico en sí, sino que este equilibrio debe abarcar al cuerpo emocional y mental, pues los tres vehículos están vinculados y no nos será posible lograr una estabilidad si los tres vehículos no vibran al unísono. Es como si tuviéramos cada pié en un coche diferente y las manos en el volante de un “todo terreno”.

 

Imaginemos que tenemos una preocupación acuciante, que nos tiene absorbidos y por mi mismo no soy capaz de desvincularme de ella y ponerla en su lugar. Esta preocupación, con toda seguridad me habrá generado desequilibrio emocional y alguna que otra fricción, que habrá contribuido a generar más desequilibrio. Consecuencia de este estado emocional, determinados procesos del cuerpo físico son alterados, podemos entrar en depresión, determinadas hormonas reducen su flujo, respiramos mal y determinados músculos se tensan, entonces aparecen dolores musculares o articulares, que si estuviéramos atentos a las señales de nuestro cuerpo nos pondrían en alerta. Por ejemplo, un estado de ansiedad por el miedo o el estado de reprimir nuestros impulsos que a veces conlleva, se puede traducir en una bulimia. La falta de autoestima y la sensación interna de no gustarse, nos puede hacer entrar en la anorexia.

 

Entonces, consecuencia de sentir a nuestro cuerpo desafinado, decidimos ir al campo, y efectivamente, allí nuestro cuerpo se pranifica y recupera en parte su alegría, el aire puro nos renueva también y oxigena nuestras células y por resonancia nuestro cuerpo emocional tiende también a reequilibrarse con la inmersión en el ambiente sensible de la vegetación del campo o aún mejor de la montaña, pero por lo que se refiere al cuerpo mental ya es otra cosa, lo único que alcanzamos es a ralentizar el frenesí mental y quizás poner en segundo orden a los pensamientos que nos turban. Este estado nos permite poder enfocar la mente para llegar a la solución de los procesos que nos afectan con más claridad. Sin embargo, si no somos capaces de interiorizar y relativizar la situación para después afrontarla y decidir en base a las posibles soluciones, sucederá que el lunes cuando volvamos al trabajo se nos van a reproducir los mecanismos y en breve tiempo volveremos a entrar en el círculo de la situación anterior. Necesitamos claridad y hemos de adoptar una posición activa en la resolución del conflicto. La decisión que adoptemos bien puede ser la de no hacer nada, en la conciencia de que la solución no está en nuestras manos y que las circunstancias se encargarán de llevar las cosas a su sitio, librándonos de esta manera de la tensión. Nunca hay que olvidar la máxima “mens sana in corpore sano”.

 

Debemos pues actuar con atención, identificando cual es el posible foco de nuestro estado alterado para atacar de raíz el problema, con comprensión, con consciencia y con fe y seguridad de nuestra capacidad. Las formas mentales que creamos son muy poderosas y haríamos bien en tomar buena nota, como he referido anteriormente, estas formas tienen efecto en el entorno aunque no seamos conscientes de ello, primero en el más inmediato y a continuación se extiende al medio ambiente global.

 

Antes los deseos se generaban directamente como consecuencia de las apetencias del cuerpo físico, pero actualmente es distinto, como ya se ha apuntado, el deseo es la consecuencia de nuestra imaginación creadora, capaz imaginar situaciones y por ello de atraerlas hacia nosotros. Al ver un objeto de deseo se imaginan las distintas situaciones placenteras o ventajosas que se pueden conseguir con él, e inmediatamente nace demanda o una necesidad creada. Es importante darse cuenta de la diferencia que existe entre ambos procesos, el segundo de los cuales presupone distorsión e ilusión porque es generado bajo la visión parcial y limitada de la mente inferior, que nos lleva a desear cosas que pueden ser proyecciones que nos hacen entrar en un círculo vicioso que nos atrapa.

 

El cuerpo humano es algo que se ha desarrollado a lo largo de millones de años de evolución, lo más refinado que ha dado el planeta y  tenemos la obligación de coger el relevo, es decir, hemos de tomar las riendas para elevar la esencia de él al Trono del Padre, lo que significa la elevación al 5º Reino espiritual, análogamente a como el animal dio pié a la evolución humana. De esta manera estaremos en línea con el Plan Divino.

 

Para ello, necesitamos todos los recursos, y nuestro cuerpo es lo que tenemos más cercano a nosotros, es la base que se nos ha facilitado para nuestro desarrollo, en consecuencia hemos de ser  responsables y no deteriorarlo o estropearlo.

 

El cuerpo humano tiene asociadas un buen número de vidas independientes (esencia elemental o dévica), aglutinadas por las energías del Centro de nuestro ser, que hace que funcionen como un todo. Quisiera que vierais en él a la analogía de una gran orquesta actuando bajo la tutela del director, quien es capaz de apreciar y corregir las disonancias que se puedan producir. Estas vidas son también sensibles y conscientes, y es una buena práctica escuchar y hablar habitualmente con nuestro cuerpo, incluso dialogar y llevar paz y amor a todos los órganos y a las células, expresar cuales son nuestros propósitos y pedirle su ayuda para prosperar en ellos, con la dulzura adecuada y un sentimiento de integración total. Seguro que nos escucha, pues hay inteligencia en él.

 

 

Conclusiones para el cuidado del cuerpo:

 

1 Cuidar la alimentación, existen revistas especializadas en el tema, pero permítanme unas ligeras recomendaciones: hay que comer de todo, mejor alimentos integrales y ecológicos, frutas y verduras, limitando la ingesta de carne roja, de grasas y de lácteos en lo posible. Por la noche conviene no comer crudo, pues la digestión se alarga. Todo alimento es en sí un tóxico en potencia según la cantidad que se ingiera, se dan casos de problemas de neurotoxicidad en países donde la alimentación está muy restringida en cuanto a variedad.

 

2 Salir regularmente al campo, la regeneración del cuerpo a nivel energético y de reequilibrio de los centros es significativa.

 

3 Hacer regularmente deporte moderado o caminar. Llevar una adecuada higiene. Cuidar y respetar la etapa de descanso nocturno.

 

4 Evitar tóxicos como cafeína, azúcar y harinas refinadas, tabaco y alcohol. Evitar ambientes contaminados y el impacto de la publicidad, o por lo menos no identificarse con las actitudes que nos muestran los actores.

 

5 Evitar los lugares ruidosos y de contaminación emocional, fomentar la visita a los lugares silenciosos y llenos de armonía (jardines, templos, etc.). Cuidar que los espectáculos a los que asistimos no tengan agresividad o emocionalidad.

 

6 Practicar Yoga, relajación y meditación (ver artículo ¿Qué es la Meditación? si se desea saber más. Aprender a estar tranquilo en situaciones de estrés, practicar disciplina mental. Autoevaluar y autochequear nuestro estado de ánimo regularmente, para corregir posturas mediante un minuto de reflexión.

 

7 Vivir el amor y en amor, este sentimiento ejerce una influencia equilibrante y reguladora insustituible. En estudios hechos sobre recién nacidos, el índice de mortalidad es mucho más elevado entre aquellos que carecen de amor que entre los que padecen hambre. Evitar relacionarse con personas o situaciones conflictivas. Cuidar y armonizar nuestro entorno familiar para que sea un lugar de crecimiento y no de confrontación. Solventar los problemas de relación, con un diálogo abierto, afrontando las decisiones necesarias.

 

8 Aficionarse a la lectura, a la música y al arte. Buscar un espacio de tiempo propio para el cultivo de las aficiones de uno mismo.

 

9 Ser flexible, lo que no se puede hacer hoy se hará mañana, pero lo que se haga debe ser en plena conciencia es decir, hágalo con amor y tome el tiempo que haga falta.

 

10 Lograr llegar a estar equilibrados síquicamente, mediante la observación y el trabajo introspectivo. Aprenda algo de nuestro psiquismo para entender las reacciones de los demás y poder comunicarnos mejor.

 

11 Siéntase hermoso y seguro, vaya vestido con gusto y luzca su mejor sonrisa para relacionarse. Disfrutar del entorno que nos rodea tanto como sea posible, la belleza nos rodea por doquier, solo hay que saber encontrarla. La risa es altamente recomendable, nos relaja y equilibra, incluso regulariza el flujo de hormonas deshaciendo los bloqueos.

 

12 No implicarse con fanatismo en ninguna ideología, teniendo presente que en general todas ellas son cristalizaciones de algo más grande y por tanto limitadoras, a veces incluso responden a oscuros intereses. Debemos estar atentos a lo que hay detrás de todo.

 

13 Respetarnos y querernos a nosotros mismos y a los demás como somos, criaturas divinas en desarrollo. Evitar implicarse emocionalmente, debemos conservar nuestra independencia para poder ser creadores.