Los Celos
Recientemente he
tenido constancia de la fuerza de esta emoción y del daño que puede causar en
la persona que los padece; desde hundirla en el caos hasta emponzoñar una vida o
estropear una relación. Se suelen dar en aquellos casos en que los lazos de la
relación no son suficientemente sólidos y existen problemas de comunicación en
la pareja, además de posibles problemáticas individuales.
En una crisis de
celos existe un serio hundimiento del ser y pasamos a ser esclavos de algo que
la mayor parte de las veces es injustificado, ¿porqué injustificado? Porque si
existen motivos reales lo que conviene
es aclarar lo antes posible la situación y tomar las decisiones adecuadas,
conducentes a lograr un equilibrio y un entorno relacional adecuado, en el que
podamos desarrollar nuestra parte afectiva sin que por ello pongamos en crisis
nuestra autoestima.
Nuestra parte
afectiva es quizás lo que nos hace más humanos, y debemos desarrollarla
cuidadosamente, como si de una joya se tratara, pues en ella reside la clave
del equilibrio. Es imprescindible haber desarrollado íntegramente esta
capacidad antes de dar un salto evolutivo importante. Quizás sea como un
entrenamiento previo de entrega, sin el cual no podemos ser depositarios de la
sabiduría y poder divino, por los evidentes riesgos que comportaría poner en
manos de un ser autocentrado estas capacidades.
Si la crisis de
celos (como suele ocurrir) proviene de nuestros propios condicionantes y es
fruto de miedos que se han filtrado en nuestra mente, nos vamos a encontrar en
una situación de fuerte crisis personal, que puede conducir a un trastorno de
la personalidad.
Pero ¿Cuál es el
mecanismo que hace desencadenar una crisis de celos en personas presuntamente
estables? A mi me parece que detrás de este estado existe una combinación de
emociones y sentimientos que surgen en el momento en que las circunstancias son
propicias (cuando se dan ciertas asociaciones mentales y bajamos la guardia). Por
tanto, lo primero a considerar es el
miedo, miedo a perder la persona a la que nos hemos vinculado
afectivamente, miedo a la soledad, etc. En segundo lugar seguramente tendremos que
tratar un caso de baja autoestima; uno no se siente lo suficientemente
aceptable para ser querido porque no se gusta a si mismo y en esta
circunstancia existe un estado de inseguridad manifiesta. Lo que enfocado de
forma positiva puede servir para sentirnos reforzados por el hecho de que se
valore a nuestra pareja, cuando se mezcla un sentimiento de inferioridad lleva
a poner en duda su comportamiento y puede acabar degenerando en un trastorno.
El sufrimiento es
tan intenso que el ser afectado reacciona de la peor manera posible, o bien se
da rienda suelta a las emociones de forma incontrolada o se empaquetan dentro
de sí asociando un estado de depresión que casi siempre lleva a una crisis de
ansiedad. En el primer caso las emociones se liberan de una forma intempestiva,
generalmente con falta de respeto, violenta e incluso agresivamente, mientras
que en el segundo caso se tiene tendencia a apartarse para así reforzar su
condición de víctima, inculpándose una
presunta incapacidad o falta de merecimiento. Es posible además en este segundo
caso, que en privado y según sean los vínculos, los celos se manifiesten esporádicamente
de forma más violenta aún que en el primer caso, pues se descargarán en el otro
todas las frustaciones internas, lo cual explica muchas de las agresiones que
se dan en las parejas, donde la mujer lleva las de perder por ser generalmente
físicamente más débil y seguir otro patrón de respuesta.
Lo más chocante es
que lo que da pié a estas crisis emocionales a veces es producido por una
coincidencia o una impresión errónea, de ahí el dramatismo que a veces
conlleva, pero la realidad es que uno se siente emocionalmente bloqueado y sus pensamientos se convierten en
recurrentes, originando una tristeza profunda o en otro caso un acceso de ira que
pueden empujar incluso al suicidio en el primer caso o hacia el comportamiento
violento si la tendencia es la de exteriorizar las emociones.
Hay que resaltar
que dentro de la relación de pareja, gran cantidad de agresiones violentas y de
victimas tienen como causa o móvil principal los celos y por ello entiendo que
es un fenómeno social a tener en cuenta y a prevenir. La mujer o el hombre que
detecta esa tendencia en su compañero, debería ser cuidadosa-o en su entorno
relacional y tratar de fomentar la confianza regularmente en su pareja.
Desgraciadamente,
existen muchos casos en que se utiliza esa emoción para controlar al compañero y
volverlo dependiente, práctica que considero denigrante pues induce un
desequilibrio emocional y se soslaya el hecho de que literalmente se está
jugando con fuego. Una vez despertado ese sentimiento, va a estar ahí siempre
latente y generando duda, que no se superará hasta que se realice un trabajo
profundo de afirmación personal y limpieza de conductas erróneas.
Para la sanación
de los celos entiendo que deben trabajarse varios aspectos: Lo primero y
fundamental es la comunicación, hablar claramente con la pareja y dejar claros
los aspectos condicionantes y contrastarlos con la realidad de una forma
sincera. Conviene evidenciar los peligros de no controlar esta emoción y sus
posibles consecuencias. En muchos casos en que no exista un trastorno
consolidado será suficiente si logramos que la pareja se comporte lo más
cuidadosamente posible para evitar estimular el sentimiento, lo cual indica que
si los lazos de la pareja son fuertes y existe diálogo, va a ser difícil que la
crisis se consolide. El tratamiento requiere un refuerzo de los sentimientos de
amor y de implicación con el compañero.
Así, el trabajo
psicológico debe abordarse a través de los dos elementos de la pareja. Es
conveniente mostrar claramente frente a la persona que los padece, la imagen de
las fuerzas que están operando a través de ellos, sin infravalorarlas pero
desdramatizando las situaciones y haciendo comprender las implicaciones reales
en toda su extensión.
También hay que
evidenciar que estamos tratando con individuos libres y no debe descartarse el
hecho de que uno de los componentes decida poner fin a la relación. En ese caso
hemos de ser capaces de afrontar estas situaciones con entereza y valentía. Lo
que si entiendo que debemos pactar en nuestras relaciones y cumplirlo a rajatabla,
es la sinceridad y un compromiso de vida en común. Cuando el amor se va hay que
tomarlo como una oportunidad para recapitular y fortalecernos como seres
humanos autosuficientes y alcanzar mayores dosis de independencia y libertad. Lo
verdaderamente valioso es nuestra propia vida y lo que hacemos con ella.
En la persona
afectada, debemos trabajar la autoestima, la comunicación, el merecimiento y el
pesimismo. Un tratamiento con esencias florales puede ser una buena ayuda,
destacando las LARSCH, AGRIMONY, GENTIAN junto con PINE y CENTAURY, caso de que presente
síntomas de culpabilidad o que no se sepan establecer los límites. También
deberemos añadir WHITE CHESNUT por la actividad mental y CHERRY PLUM para
afianzar el control. Pero la flor específica para el estado que se conoce como celos es HOLLY, que trata la reacción inadecuada al sentimiento generado, tanto en el sentido exógeno como endógeno, pues en ambos casos hay agresividad, aunque sea contra uno mismo.
El proceso
emocional que se conoce como celos, es algo que mueve mucha energía en caso de
extroversión, y por ello deberemos ser prudentes en introducir tratamientos que
aporten energía, encaminándonos más bien a liberar bloqueos. En casos de un ser
en fuerte depresión, deberemos aportar vitalidad y como se ha dicho reforzar su
autoestima.
Pero no todas las
implicaciones de los celos se dan a nivel de pareja. Existen también síndromes
de ese sentimiento que afectan a nuestros pequeños y que podemos hacer
extensivos al entorno de los hermanos, generalmente por un desplazamiento
inconsciente de la atención por parte de los padres. A veces, simplemente el hecho de un nuevo
nacimiento induce que se tengan que compartir las atenciones y esto puede ser
vivido por el pequeño afectado como una carencia afectiva hacia él,
especialmente si antes había estado sobreprotegido y dar paso a engendrar estas
emociones.
Padres, ser
cuidadosos con vuestros hijos, pues si somos excesivamente protectores con uno
de ellos y luego le privamos de este afecto, cuando nazca un hermano lo va a
vivir como que el nuevo bebé le quita algo, quizás se sentirá culpable y a la
larga, después de mostrar un cierto resentimiento fruto de la frustación quizás
canalice estas emociones (*) a través de culpabilizarse resaltando defectos
propios fundados o no y acabar generando un trastorno en la personalidad de
este hombrecito o mujer en ciernes. Lo que puedo testificar es que lo pasan muy
mal y como se ha dicho, el que se genere este sentimiento depende en gran
medida del comportamiento de los padres y especialmente de la madre.
Si se detecta este
cuadro, es recomendable atajarlo pronto y consultar a un psicólogo infantil,
pues con probabilidad, cuando sea mayor va a trasladar este sentimiento a su
relación de pareja condicionándole de por vida. Demos a esta emoción la
importancia que tiene y por todo ello, cuidadito con el fuego, no sea que nos
quememos……......
Francesc, febrero 2007
* El proceso de las emociones es en
cierto modo análogo al de digestión de los alimentos