¿Que es la meditación?

 

La meditación es un estado al que nos acogemos para entrar en contacto con nuestra esencia, aislándonos momentáneamente de las influencias exteriores y de los registros sensoriales. En otra analogía podríamos decir que es lo que de forma natural hace nuestro cuerpo en los períodos de sueño, y también cuando enferma y debemos guardar cama.

 

Esta mirada hacia nuestro interior, ese contacto con nuestra parte más interna, nuestra verdadera realidad, hace que se moderen o cesen las múltiples actividades que se desarrollan en nuestra mente y en nuestro cuerpo, recuperándose el nivel básico vital, lo que nos acerca simplemente a la sensación del “ser”, por encima del bien y del mal, de las tormentas o de la agitación. “El diálogo con uno mismo, con su ser, cuando se dirige correctamente y se basa en perspectivas y valores espirituales, limpia la mente de ideas negativas acerca de uno mismo y clarifica al intelecto……” (cita de Anthony Strano)

 

Cuando logramos apaciguar nuestra mente, controlar nuestras emociones y aquietar nuestra actividad, esta mente nuestra queda liberada para registrar otras percepciones y automáticamente se alcanza un estado de paz. A medida que perfeccionamos y nos acostumbramos a meditar, empezamos a sentir un sentimiento de plenitud y se nos hace evidente que hay otro estado del ser, que en lo quotidiano queda relegado a un 2º plano ya que solemos estar centrados en nuestras cuestiones del día a día, lo cual nos absorbe toda nuestra atención. Nuestra mente recupera el que debiera ser su ritmo habitual, las tensiones desaparecen, las glándulas se relajan y la emisión de hormonas se cambia de polaridad. Como resultado, empezaremos poco a poco a ver las cosas desde otra óptica, más amplia, y a ser conscientes de que lo que en realidad importa es vivir la vida que se nos ha dado de la mejor manera posible y en plenitud.

 

Al ralentizar la mente su torbellino de pensamientos, queda en mejor situación para analizar las cuestiones diarias a resolver (las montañas de las dificultades se vuelven granos de arena) y  según sea el caso, empieza a manifestarse la intuición, probablemente antes opacada por los propios procesos mentales. Al principio alcanzamos solo pequeños destellos, después de forma maravillosa llegamos a cotas de sintonía y percepción mayores.

 

Pero no quiero llamar a nadie a engaño, la meditación es una herramienta muy poderosa que hace que cambiemos, y en un plazo más o menos largo, estos cambios se hacen evidentes. Esto sucede porque cambiamos nuestro Centro de conciencia, pues pasamos de responder e interactuar desde nuestro sistema propio de creencias y hábitos adquiridos, a basarnos en algo más nuestro, más interno. Desde este punto interno somos capaces de comunicarnos con los demás de otra manera más asertiva, de corazón a corazón, y claro está, los resultados ya no son en absoluto los mismos. Las fricciones que se generaban por estar centrados en nuestra propia idiosincrasia, van a ir suavizándose para pasar a relacionarnos y a actuar desde una posición más global e integradora, y aquellas situaciones emocionales en las que a veces nos quedamos enganchados se van a empezar a controlar, y empezamos a ser más selectivos con nuestras preferencias y metas.

El que estos cambios se puedan calificar de buenos o malos, depende del proyecto de vida de cada cual y de la perspectiva con que se mire. En mi opinión, considero que la meditación diaria debiera formar parte de nuestra vida como una tarea más de higiene personal, y no solo eso, sino que deberíamos  iniciar a los pequeños a practicarla (a su escala) desde tierna edad, para que se acostumbren a esta importante disciplina.

 

La meditación potencia partes de la mente que normalmente se hallan inactivas, y el hecho de activarlas va a redundar en nuevas capacidades, pero es que además va a lograr una integración y coordinación de las diversas funcionalidades del cerebro, acercándonos al deseable estado de “personalidad integrada” con toda la potencia disponible en lugar de estar dispersa en multitud de procesos propios. Esto facilitará en gran manera que alcancemos nuestras metas como seres humanos, con una percepción más holística de los procesos. Nunca debimos perder esta visión holística, que es en realidad la verdadera sabiduría.

 

Nadie espere de esta disciplina extraordinarias vivencias de tipo místico. Aunque singularmente se dan algunos casos, algunas percepciones son atribuibles a las traducciones del cerebro según los patrones de conocimiento adquiridos, normalmente interpretados con código visual por nuestra educación. Esto a menudo induce a grandes errores de apreciación, aunque es comúnmente aceptado que fuera de nuestra realidad sensitiva hay fenómenos excepcionales, que tienen que ver con procesos energéticos sutiles, traducidos como registros de luz en el cerebro.

 

La meditación, es una disciplina muy antigua, sus referencias se pierden en la noche de los tiempos, sobre todo en Oriente, donde  su práctica es habitual. Ahora, con la apertura a las nuevas tendencias de la psicología y a la filosofía de la “nueva era”, empieza a serlo en Occidente.

 

Existen muchas técnicas de meditación, pero expongo las tres que son más conocidas para mí, y que son aplicables según el objetivo que se quiera alcanzar con ellas. Un punto común a todas ellas es que parten de una base de aquietamiento de los sentidos y  relajación del cuerpo físico.

 

La meditación más corriente es la “contemplativa”, y en ella, tras un período preliminar en el que tratamos de liberar tensiones, aquietar el cuerpo emocional y el cuerpo mental, nos deberemos quedar en silencio, como expectantes, atendiendo solo a las sensaciones que a través de la mente se van registrando. Los pensamientos se dejan pasar, adoptando una posición de observación neutra, en la percepción del observador que no es “esto”, sin entrar ni fijar la atención en ellos. Resalto que no debemos confundir el registro de las sensaciones con el fluir de nuestros pensamientos. Es este un método de meditar que lleva nuestra atención hacia planos de existencia nuestros, de los cuales habitualmente no tenemos consciencia. En estos planos no hay la fricción que se da en el plano físico y por tanto se producen sensaciones de paz y de bienestar, ayudado por la liberación de la hormona serotonina, que lleva a nuestro sistema nervioso (generalmente en estado de alerta por la presencia de un cóctel de sustancias químicas activadoras) a una situación placentera de paz y de relax; es como recobrar lo que debe sentir un bebé después de amamantado y bañado.    

 

Es posible que en la contemplación se pueda producir ocasionalmente alguna sensación de tristeza ocasional o pena, y simplemente nos pongamos a llorar, ello puede ser motivado porque afloran a nosotros antiguas heridas o sentimientos que teniamos ocultos y que de esta manera pueden ser sanados. Algunos seres muy sensibles, pueden llegar a percibir sentimientos que son del inconsciente colectivo, que están más allá de su propia realidad.

 

Otro método de meditación que podríamos definir como “activa”, es la que usa un objeto o semilla como base para la meditación. Este objeto puede ser una frase, un “koan”, una imagen, u otros. La técnica consiste en que tras la etapa de aquietamiento necesaria, fijar nuestra atención el mayor tiempo posible en la contemplación del objeto desde todos los ángulos, mirándole en su globalidad, pero procurando no poner en marcha los mecanismos de la mente analítica, pues si entramos en los detalles quedaremos automáticamente aislados de la percepción global. Al estar enfocados en un objeto, nuestra meditación irá dirigida hacia lo relacionado con él, evitando de este modo dispersiones en el plano Astral.

 

Es también muy posible que después de un periodo de práctica, esta disciplina nos aporte ideas, percepciones o revelaciones a través de nuestra pantalla mental, que podremos discernir con precisión porque de ellas tenemos la certeza y el convencimiento de que son las correctas ¿de donde viene esa información? La respuesta es que procede de los planos globales de donde surge la mente o el inconsciente colectivo al que se refería el eminente psicólogo K.Jung, en cualquier caso es claro que proceden de una mente superior o por lo menos más amplia o extensa que la nuestra. Nuestra mente es en realidad una fracción de aquella Mente universal más incluyente, y simplemente nos basta sincronizarnos y entrar en contacto con ella para compartir todos sus contenidos.

 

La tercera forma de meditar que conozco es en base a técnicas de “visualización”.  A través de las visualizaciones evocamos aquellas situaciones que nos parecen deseables, es como si hiciéramos un llamado a la Fuente Universal para que se hagan realidad estas realizaciones. La creación de formas mentales, o formas de pensamiento-deseo (kama-manas), es una forma muy potente de proyectar nuestros deseos y esperanzas, y si ponemos en ello la suficiente concentración  y motivación, lograremos poner en marcha los mecanismos que van a permitir que aquellas formas mentales se hagan realidad (debemos ser responsables con lo que deseamos). Dentro de las posibles visualizaciones, podríamos separar las que están encaminadas a nuestra propia sanación, las que buscan un estado de equilibrio y en síntesis de felicidad, y aquellas en las que evocamos realidades que queremos que se produzcan en nosotros o en nuestro entorno.

 

Otra forma de meditación, es la de recitar mantrams, análogamente a como se practica en la tradición budista o tibetana, y también en otro orden de cosas en la tradición cristiana mediante el rezo del rosario, aunque este último, no goza de la variedad y riqueza de sonidos característicos de las tradiciones orientales. Con este mecanismo se ponen en marcha potentes procesos energéticos, que a menudo no son controlables, excepto en aquellos casos de personas muy entrenadas en la disciplina.

 

A mi modo de ver, en esta meditación se generan dos efectos, por un lado, las energías propias de los centros pasan a resonar con la fuente mayor, con lo cual la persona se sumerge en un estado de bienestar, principalmente debido a la sobreseimiento de la fricción, malestar o tensión. Un segundo efecto, es la recarga de energia de los centros, que automáticamente regenera y tiene efectos de vitalización global.

 

Sin embargo, esta afluencia de energía puede convertirse en sobrecarga energética si no se dominan bien los procesos o la técnica es inadecuada. La sobrecarga de los centros nos puede inducir estímulos no deseables, como apetencia sexual desmesurada u otras actividades, según donde se halle nuestra conciencia-actividad. También entra dentro de lo posible que se produzca algún desajuste energético que puede degenerar en alguna enfermedad. Por ello, es desaconsejable ser autodidacta en esta meditación, o seguir las reglas de alguien que no esté suficientemente preparado.

 

El sonido es una herramienta muy potente. En los libros sagrados, se denomina a los ángeles “las huestes de la voz” porque son entidades energéticas inteligentes que responden al sonido. También hemos experimentado los efectos de la voz de determinados líderes, como Hitler, capaz de ensimismar y arrastrar a las masas entre las que cogidos neutramente y uno a uno seguramente encontraríamos a un buen padre de familia, marido, etc. incapaces de hacer daño a nadie. Los buenos comunicadores de los medios, son capaces de magnetizar al público, que les siguen y creen lo que dicen a pie juntillas, y una nota suficientemente alta y sostenida es capaz de romper un cristal. De ahí mis reticencias a una práctica no controlada de este sistema de meditación-invocación.

 

Existen muchas disciplinas, pues cada gurú o maestro ha creado técnicas propias en base a variaciones. Especialmente importantes son las que se emplean en determinadas escuelas de yoga, como puede ser Laya-Yoga, Kundalini-Yoga, Raja-Yoga, Bakhti-Yoga, etc. estas meditaciones requieren una iniciación previa para ser efectuadas correctamente. Según el Maestro Tibetano, la más adecuada para nuestra era seria la del Raja-Yoga, que es lo que básicamente hemos calificado como “meditación activa”. La meditación Zen, es también muy potente, básicamente busca el estado de satori o iluminación. Busca ese estado en que en la mente no surge ningún pensamiento, para mirar al interior del ser, se trata de meditar sin pensar en nada, sentado durante periodos de tiempo largos. Requiere mucha disciplina pues tiene reglas bastante estrictas.

 

 

Metodología

 

Para entrar a la meditación, es recomendable en primer lugar elevar el pensamiento a nuestra Fuente o Padre, y pedirle que nos envuelva en un tubo de luz, para acompañarnos en el proceso.

 

Después, hay que ir acostumbrando poco a poco nuestro cuerpo, pues al principio no está habituado a la disciplina de quedarse estático, sobre todo nuestra mente. Por ello, hay que dialogar con él, e ir relajándolo, y empezando por los pies iremos recorriendo todos los músculos y partes del cuerpo, llevando la sensación de bienestar y de relajación a todas estas zonas, llevaremos la respiración a nuestro abdomen, o aún mejor si la podemos realizar completa o yóguica.

 

Fijando nuestra atención en nuestro ritmo respiratorio, hacemos tres respiraciones profundas para después coger automáticamente un ritmo pausado y relajado a medida que nos vamos distendiendo. Daremos un repaso al resto de músculos, vigilando que no queden tensiones en ellos, los músculos de la espalda, de la cara, el entrecejo, mejillas, aflojaremos la lengua y esbozaremos una sonrisa. Finalmente le pediremos a nuestro cuerpo mentalmente que se relaje y que sostenga esta condición, a fin de alcanzar un estado de quietud y de bienestar que nos permitan una buena concentración.

 

Una vez conseguido este estado, entraremos en la fase de meditación propiamente dicha, de la que adjunto tres modelos o propuestas, pues como ya he dicho, la opción de la recitación de mantrams, forma parte del culto de determinadas religiones, y considero que hay que tener escuela para saber encauzar esas energías y beneficiarse de ellas.

 

Serán de ayuda en todo el proceso, disponer de un escenario confortable y adecuado, sin ruidos y donde podamos estar aislados en un cierto intervalo de tiempo. Se debe crear un ambiente agradable, podemos quemar una barrita de incienso, encender una vela y poner música relajante pero muy bajita. La postura adecuada será estar sentados o estirados si estamos seguros de no dormirnos, sin cruzar las piernas, que nada os apriete, con las palmas encima de los muslos y mirando hacia arriba, o la postura del loto si se tiene práctica en ella, lo importante es estar cómodo y que el cuerpo no nos requiera su atención.

 

1 Meditación en contemplación.

 

Sentados en la postura adecuada, procedemos a la relajación progresiva del cuerpo según se ha indicado anteriormente, y una vez conseguida una respiración pausada, procuramos poner consciencia en nuestro estado de ánimo para alcanzar un equilibrio desde el que partir. Nos situamos en un plano contemplativo, sin involucrarnos, solo observando, dejamos pasar nuestros pensamientos pero a distancia, sin entrar en ninguno de ellos. Podemos centrarnos en la respiración, en ese punto que existe entre inspiración y expiración, y dejamos fluir, estando atentos al ritmo sin ninguna intención ni objetivo definido. Visualizamos como una gran pantalla negra que ocupa todo el arco de la mente y permanecemos atentos a ella, siempre sin involucrarnos. Somos conscientes de lo que se refleja, pero nosotros no somos eso, solo somos espectadores. Si nuestra mente se desvía, simplemente tomaremos consciencia y volveremos a la neutralidad contemplativa.

 

Conviene empezar con sesiones de 10-15 minutos para poco a poco ir alargándolas según veamos nuestra capacidad y la posible fatiga, hasta que se encuentre un tiempo que nos parezca suficiente para cada caso. Nunca debemos estar pendientes del reloj, acabaremos cuando nos parezca que es suficiente. Cuando consideremos que ya tenemos bastante, poco a poco volveremos a tomar consciencia del lugar donde nos encontramos, haremos tres respiraciones profundas y llevaremos la atención a nuestro cuerpo, moviendo los dedos de los pies y de las manos. Antes de abrir los ojos, rememoraremos brevemente lo experimentado y finalmente cuando estemos preparados los abriremos.

 

2 Meditación activa

 

Tras los mismos pasos iniciales señalados anteriormente, nos fijamos en una frase que nos haya llamado la atención o sobre la que deseemos meditar o profundizar, o algún objeto que nos motive algún sentimiento, que debe ser de tipo espiritual o por lo menos que genere sentimientos positivos o éticos. Nos centramos en ese objeto escogido y pasamos a contemplarlo desde todos los ángulos y perspectivas posibles, evitando que la atención se desvíe, y si lo hace una y otra vez volvemos al objeto. Procuraremos estar atentos a las sensaciones que registramos en torno al objeto o a los pensamientos que nos evoca. No nos debemos dejar llevar por cualquier pensamiento, estar activo significa ser capaz de controlar y escoger aquellos pensamientos que realmente nos interesan en relación con el objeto, y seguiremos esta línea de pensamientos que nos puede llevar a comprensiones de cosas que de otro modo no alcanzaríamos.

 

Cuando consideremos que ya es suficiente, para cerrar la sesión operaremos igual que en el caso anterior.

 

3 Meditación de visualización.

 

Iniciaremos igual que en casos anteriores, y tras haber pausado la respiración, entraremos a visualizar algo que deseemos, puede ser una energía sanadora que surge de la Tierra e impregna poco a poco todo nuestro cuerpo, una situación deseable, un estado de paz y de relajación, etc. Pero no basta con el pensamiento, debemos realmente escenificar todo el cuadro con todos los detalles posibles, como si realmente estuviéramos viviendo esa situación y sintiendo las sensaciones que son inherentes a la escena. No debemos entrar a saco en la visión propiamente dicha que queremos alcanzar, previamente iniciaremos visualizándonos en una situación tranquila, en el campo, caminando por un camino o en el mar, paseando por las rocas o por la playa, o ascendiendo por la montaña, según las preferencias o lo que nos haga sentir mejor en ese momento. Nos contemplaremos a nosotros mismos en esa escena con todo lujo de detalles, registrando las sensaciones, los olores de la vegetación o del mar, los sonidos ambientales, el canto de los pájaros y la sensación de frescor del aire al acariciar nuestro rostro….la calidez de los rayos del sol que nos da vida, etc.

 

Después de mantener un ratito en esa visión, empezaremos a visualizarnos en la situación deseada, siempre con el sentimiento agradable de que hemos alcanzado lo que queriamos, que se trata de una situación realmente conseguida. Otra vez conviene que sintamos todas las sensaciones y satisfacciones que este logro comporta, y que nos sintamos felices con ello, que las disfrutemos. Finalmente, cuando consideremos que ya es suficiente, podemos regresar de vuelta al camino que habíamos seguido, que vuelve a transcurrir por la montaña, el campo o la playa, y  nos sentiremos agradecidos  por la experiencia vivida y porqué siempre se nos concede lo que es mejor para nosotros, aunque nuestra visión cercana no lo pueda apreciar.

 

Estas visualizaciones son realmente potentes, pues el amor y la armonía nos conectan con la fuente universal, y si la situación deseada no se opone a nuestro karma o lecciones de aprendizaje que debemos superar, ni perjudican a terceros, es muy probable que el hecho suceda en realidad, pues no hay que olvidar que somos creadores en potencia y atraemos aquello que recreamos con nuestra mente y alimentamos con la fuerza del deseo.

 

Finalmente, acabaremos de igual forma que en los casos anteriores.

 

 

Conclusiones

 

Independientemente de la breve exposición realizada sobre un tan vasto tema, basada en mi experiencia y en algunos textos, quiero resaltar la importancia de saber tomarse un respiro en el quehacer diario para volver a recuperar nuestro equilibrio y nuestro centro. A veces basta con un minuto de silencio interior, aislándonos de todo lo sensorio, y no os quepa duda, el cuerpo lo agradecerá manteniéndonos saludables. Los efectos saludables de la meditación se han comprobado científicamente, investigando la actividad cerebral de monjes tibetanos y comparando las distintas respuestas a las situaciones de estrés. Hay además un efecto destacable de aumento de la potencia e integridad del sistema inmunológico en las personas que meditan habitualmente.

 

También debo mencionar la práctica del Yoga o el Tai-Chi como técnicas muy recomendables para mantener la salud, en todo caso complementarias a la meditación, para equilibrar nuestro cuerpo físico, corregir posturas, aquietar la mente y templar nuestras emociones. Me refiero concretamente al Hatha Yoga como técnica ancestral de reconexión del cuerpo. Según el Maestro Tibetano, con esta Yoga se repone el campo magnético del cuerpo físico, lo que comporta un reequilibrio energético de todo el cuerpo con los efectos subsidiarios sobre la salud global.

 

Existen grabaciones de meditaciones guiadas en formato de Cd, que se venden en las librerias de temática Nueva Era, pero no es difícil guiar uno mismo la meditación, pudiendo usar un casette. Es buena práctica si es posible  meditar en grupo con personas afines, sobre todo al principio, hasta alcanzar la soltura necesaria.

 

Espero que estas frases arrojen si cabe un poco de luz sobre el tema, y ayuden a desmitificar creencias, pues la meditación es algo absolutamente natural, que trata de fenómenos energéticos reales que forman parte de nuestra constitución. Este modesto trabajo está encaminado a lograr que nos armonicemos como personalidades, y seamos más estables frente a las influencias del entorno y a las mareas de la Vida.

 

 

Así sea, Francesc 14-12-2005