Un verano
agitado.
Ha sido realmente intenso. Por un lado he podido realizar un viaje al Tibet, para mí era como un sueño y me ha permitido constatar
que en él había una parte de proyección. Por otro lado, cuando
me proponía descansar y reponerme
del esfuerzo que supuso tal
viaje, me vino la sensación que tenía que ir con los compañeros de Portal Dorado a Pirena 2007, y ya me ves con un fuerte resfriado preparando de nuevo la mochila, en este caso solo con lo imprescindible.
Las dos experiencias me
han procurado aprendizaje:
en el periplo al Tibet, donde he encontrado vivencias y lugares muy hermosos, paisajes
y energías celestiales, he sacado la conclusión de que hoy en día la oportunidad
de evolucionar espiritualmente existe
prácticamente cualquier lugar del mundo donde te encuentres, en gran parte gracias a los avances en tecnología
de información. Y esto es
un reflejo o un avance de
lo que debe ser el futuro;
el ser individual inmóvil en su
centro y la conciencia que se dirige
hacia el campo que necesita
o que quiere trabajar, es
la mente la que viaja ahora y no tanto nos movemos físicamente.
Claro que las personas necesitamos
o queremos vivir las sensaciones, igual como hay otras que necesitan subir y bajar montañas.
Esta es otra forma de conectarse
con la vida, pero requieren
energía física adicional.
En otro orden de cosas, las dificultades del viaje
posibilitaron que se creara
un espíritu de camaradería
y compañerismo entre los participantes
y todos nos ayudamos para
superar las dificultades surgidas.
(Ver crónica y fotos de
Nepal y Tibet).
La experiencia de Pirena 2007 fue de otro cariz, y a medida que van pasando las horas la valoro aún más si cabe. Había
sopesado esta posibilidad
antes de salir hacia Tibet, pero como he dicho no me encontraba con fuerzas ni ganas de ir. Sin embargo, meditando me vino una fuerte impresión que debía acudir allí y
la verdad es que la experiencia
valió la pena. Se trata de
un campamento de verano de caracter espiritual, donde son bien recibidas todas las personas de todos los credos. La norma del campamento
es la de compartir la paz y las vivencias
en plena naturaleza, y cada uno
aporta aquello que puede o quiere, unos prestan
servicio cocinando, otros fregando los pucheros, otros impartiendo talleres, etc.
Una vez más, el milagro se produjo y hubo un ambiente de camaradería y de hermandad altamente enriquecedor. Sin el eje del dinero se logra esta camaradería, pues el ego queda inmerso
en lo común, aunque hubo cosas que subsanar i encajar, canto de sirenas incluido. La sensación era de que lo de todos estaba disponible para todos, pero al mismo tiempo
había un sagrado respeto por cada persona y sus cosas, que se hacía extensible a
los niños.
Cuando el líder u organizador, Koldo, se pone al servicio de los demás, ejerce de facilitador y no de comandante, y se respeta cada opinión e iniciativa, ocurre el milagro. Esta es pues una experiencia referencial para la convivencia plural en una futura humanidad. Personalmente he hecho un montón de amigos de todos los puntos de España y se han intercambiado opiniones y puntos de vista enriquecedores. Por todo eso, gracias amigos de Fundación Alalba. (http://portaldorado.com).