LOS ANIMALES III

A raíz de un artículo publicado en la contraportada de La Vanguardia de fecha 9-04-07, me surgió una nueva reflexión sobre los animales que presento como complemento a los anteriores artículos elaborados sobre el tema y que se pueden consultar en esta página (Temas-Naturaleza), bajo el título “Los animales” , “Selección natural” y “Conciencia animal”.

La autora del artículo refiere su experiencia con los caballos y apunta al hecho de que los animales tienen una sensibilidad que les permite detectar el estado de la persona con la que se relacionan (p.e. si están enfermos).

De hecho, según mi criterio lo que creo que captan es el estado vibracional del individuo con el que entran en contacto, pero esta circunstancia no debe de extrañarnos en absoluto, pues de facto los animales en conjunto son el reino más evolucionado que ha dado la inteligencia planetaria, habiendo culminado la obra con nuestro cuerpo físico, a veces denominado “animal” para resaltar que en el hombre concurren 2 dimensiones, la física y la espiritual. Es un hecho que los animales han desarrollado sofisticados mecanismos de supervivencia y de integración en el entorno, alcanzando un equilibrio entre las diversas especies, que de esta manera se autorregulan. Millones de años de evolución garantizan la bondad del resultado, pues cada nueva generación incorpora mejoras adaptativas o de clase.

Solo las especies más adaptables sobreviven en este crisol de interacción que es nuestro planeta y de esta manera, las especies han ido asimilando inteligencia y mecanismos adaptativos y defensivos. Es el proceso de evolución natural enunciado por Darwin que levantó ampollas en su época y que aún hoy en día la intransigencia religiosa califica (*) de herejía, aunque recientemente he leído unas manifestaciones del actual Papa Benedicto en el sentido de flexibilizar la postura de la Iglesia, lo cual es una buena noticia.

Un problema que creo que caracteriza a la humanidad una vez que abre su intelecto y que responde a su propia idiosincrasia, es su falta de ubicación y esto no es algo que nos deba extrañar. La humanidad responde a las energías del 4º Rayo o Crísticas, es ambivalente y por ello sensible tanto a las energías espirituales como a las terrenales (si tienen cabida estas expresiones, pues estoy plenamente convencido que el espíritu está en todo y por tanto todo es espiritual). Esto hace que el ser humano padezca crisis de identificación periódicas: por un lado está regido por las leyes planetarias que rigen al universo en el contexto espacio-tiempo, como también lo están los reinos animal, vegetal y mineral y por otro lado recibe el impulso de las leyes evolutivas o espirituales, con lo que más pronto o más tarde surgirá el conflicto.

Sucede que el ser humano ha ido sustituyendo progresivamente sus mecanismos de actuación y respuesta de tipo animal (de tipo instintivo) por otros mecanismos que parten de su mente más evolucionada y analítica, quedando muchas de las respuestas instintivas bajo el nivel de conciencia, lo que no quiere decir que no estemos sometidos a determinadas tendencias que debemos ir controlando y transmutando.

Por ejemplo, a un individuo que vive en la ciudad no le sirve de nada ahora la repulsión ancestral a las serpientes, pues apenas verá alguna en su vida en los zoos. A medida que la mente a través del cerebro, va controlando las diversas áreas de los cerebros emocional (o límbico), de actividad instintiva (o primario), va generando conexiones en los lóbulos del cerebro frontales y en el cortex, formando una interconexión que posibilita el control.

El cerebro se recrea y remodela a cada instante, es plástico, no rígido, según los requerimientos de la mente, los inputs sensoriales y los procesos de conciencia. La conciencia registra los procesos de la mente allí donde está centrada y según el caso genera emociones; en este caso se almacenará “lo conocido” en determinada área, de forma más profunda. Los procesos de aprendizaje ordinarios, se almacenan en otra área, que tiene características parecidas a una memoria RAM, y si no se ejercita o renueva periódicamente se va olvidando, para optimizar los recursos.

Pero el animal no está individualizado, pues al no disponer de suficiente sustancia mental en su estructura su vehículo no lo permite. Si no hay un Alma individual, no puede haber una mente individual y el comportamiento será el propio de una camada o manada. En ese contexto, cada animal se comporta como una neurona de un gran cerebro, que responde al regente global, por carecer de equipo mental individualizado tal como se presenta en un ser humano. De esta manera, es la mente conjunta de los animales la que induce comportamientos instintivos en el cerebro, comunes para los animales de cada raza, lógicamente respondiendo a códigos simples, no muy complejos, acordes con su constitución física. Así quedan grabados en el cerebro de nuestro “homo antecesor” los códigos de conducta instintivos y colectivos.

Al ir evolucionando y sofisticando los circuitos neuronales de procesos pensantes, en paralelo se van desactivando y controlando aquellas conductas más propias del reino animal, que son así progresivamente sustituidas por otras que emanan desde el propio código individual. En el proceso, tenemos que ver como los circuitos de comportamiento dejan de ser energéticamente regidos desde el patrón conductual del reino animal y pasan a serlo desde nuestra propia personalidad y cuando nos liberamos, desde el Alma individual. Hay pues una sustitución de los circuitos de control que van consolidando al reino humano como evolución independiente de la del reino animal, por la propia esencia espiritual que poseemos.

Por eso los animales gozan de cualidades más refinadas que nosotros en el campo sensorio e intuitivo, como puedan ser el olfato, la sensibilidad al tacto, el oído, la vista, e incluso la premonición (sabido es que los animales antes que se produzcan, captan determinados accidentes naturales, como erupciones, etc.). Nuestra mente, nos permite sustituir elementos sensorios por el razonamiento y de esta manera, dejamos de procesar muchos inputs sensorios para trabajar desde un sistema lógico mucho más sofisticado y efectivo. Al simplificar lo sensorio, disponemos más capacidades para otras cosas y al mismo tiempo, al procesar otra información y de otra forma, se van usando menos los procesos puramente sensorios, que pierden profundidad y pasan a estar en muchos casos bajo el umbral de la conciencia.

De esta forma, el hombre puede enfocar más libremente su conciencia en el trabajo creativo, en procesos mentales, en ideas nuevas, en procesos artísticos, o también en relaciones sociales que le permitirán experimentar emociones y sentimientos. Fijémonos que solo se deja una pequeña alerta, incluso en las ciudades el tráfico está regulado y se puede decir que son razonablemente seguras. Aún a riesgo de “ser pillado”, es evidente que la necesidad de estar alerta no es la misma que en el reino animal y es posible que esto redunde también en menos desgaste energético, lo que influye junto con el avance de la medicina, en la mayor longevidad humana, rasgo que también presentan los animales de mayor tamaño, menos amenazados. De ahí la importancia de controlar el estrés, pues supone un enorme desgaste energético.

En resumen, no nos deben extrañar las cualidades de los animales, nosotros las hemos tenido también muy desarrolladas, pues nuestro cuerpo es un vehículo animal muy evolucionado. El drama es que la evolución prosigue bajo la directriz de fuerzas internas, que tratan de ir sustituyendo el control y el vínculo que tenemos con las fuerzas de la naturaleza y con nuestro entorno social, por la autoconciencia y la autodeterminación, con lo cual surge la verdadera transformación humana en algo nuevo, que desborda el espacio donde habitualmente moramos, estableciendo otra clase de vínculos con el ámbito existencial. Nuestra responsabilidad es lograr que nuestras decisiones no dañen el entorno que nos ha dado la vida y nos acoge y también velar y proteger a esos hermanos menores que nos han ayudado con su sacrificio a que dispongamos de un maravilloso instrumento con su potencialidad. En muchas cosas nos pueden dar lecciones y servir de ejemplo, como es el caso de como afrontar la muerte, o de su comportamiento ecológico.

Es mi opinión. Francesc Rioman, 14-07-2007.

Dedicado a Juan Pedro, cuyo corazón rebosa amor por los animales.

(*) En determinadas zonas de moral puritana de EEUU, se ha llegado a prohibir recientemente que se enseñe a Darwin en las escuelas, pues en cierta manera dinamita la rígida interpretación dogmática sobre el origen del hombre y pone en crisis los principios religiosos.