¿ Existe la paz ?

Tras pensar un poco en el tema, he llegado a la conclusión de que la paz
que tanto anhelamos en la sociedad actual, y que a menudo idealizamos como si
fuese un reflejo de la divina armonía, es de muy difícil consecución en el
Reino del hombre, cuya naturaleza es
básicamente dinámica.
Todo lo que hay en el mundo tangible, tiene su contraparte subjetiva o
energética, y la falta de paz es en realidad un reflejo de una situación interna
de falta de equilibrio, que responde a bloqueos o simplemente a una situación
de fricción que impulsa al cambio, y que
en realidad es la dinámica que hace que las cosas evolucionen. Esto es
aplicable tanto a un país, como al mundo, o al individuo. La falta de paz en el
individuo, puede llegar a desembocar en falta de paz en un país, y acabar
afectando al planeta.
A nivel de individuo, la parte subjetiva como causa primera del
desequilibio podrían ser tanto las carencias, emociones, deseos, ambición, egoísmo, afán de poder y de dinero, y en
general todo lo que tiende a la separatividad, (verdadera expresión del mal), y
en otro orden de cosa las tensiones inducidas por la propia Alma o cuerpo causal,
en este caso sirviendo a los patrones del propósito divino, para forzar cambios.
A nivel de país o a nivel mundial, el desequilibrio se genera cuando un grupo
suficiente de individuos está en crisis, o cuando algún individuo o grupo con
suficiente peso en la sociedad, es capaz de ejercer manipulación colectiva, o ejercer
posiciones de tiranía.
Un equilibrio es siempre algo temporal, son como etapas que se van
alcanzando sucesivamente, y cuando se entra en la rutina, nuevamente la
evolución genera fuerzas que impulsan a otra crisis para inducir cambios
(después de la tempestad viene la calma), hasta un nuevo estado de equilibrio. Lentamente
vamos avanzando sin darnos cuenta de lo que realmente se mueve, pues
generalmente solo somos conscientes de la situación externa de fricción que produce
sufrimiento.
La paz tal como se la presenta, es un espejismo, que depende del punto de
observación. Tenemos ejemplos en la misma naturaleza, pues en ella, podemos disfrutar
de una paz aparente, más que nada en contraste con la vida agitada que
llevamos, pero es solo “aparente”, ya que si observamos atentamente a nuestro
alrededor, y vemos los infinitos eventos que suceden y la multitud de formas de
vida, se nos hace evidente la dramática lucha diaria por la supervivencia y la
supremacía. Entonces, nos implicamos emocionalmente y llegamos a sentir
compasión, aunque sepamos que siempre hay depredadores y depredados. Algunas
especies están continuamente amenazadas, de manera que su situación de aparente
debilidad condiciona sus vidas, y como nuestra perspectiva es limitada, nos preguntamos
el motivo de esta crueldad y sufrimiento, y llegamos a poner en duda la
existencia de un propósito divino.
La situación se puede comparar a un gran drama que se renueva continuamente.
Si damos un paso más adelante, veremos que aquellos animales débiles, a su vez
son también depredadores, de insectos de hierbas, etc., y algo análogo sucede
en el Reino vegetal, brutalmente depredado hoy por el hombre, e incluso en el
Mineral, donde el agua es capaz de disolver y disgregar la roca más resistente,
y los minerales sufren ataques y modificaciones químicas y físicas
continuamente. La imagen de placidez de un mar sereno es también un modelo de paz,
pero en el seno del agua hay multitud de dramas, reacciones químicas y continuas
disociaciones, y a nivel molecular, tampoco hay paz en absoluto. En el sistema
solar y en el Cosmos, las cosas no son distintas, son numerosos los meteoritos
captados por las atracciones planetarias, y hay una continua interacción de los
sistemas, si bien como son ciclos largos, a nuestra escala no se aprecian los
cambios diarios. El Sol se consume lentamente, y gracias a esto se debe la
existencia misma en nuestro sistema.
Todo lo expuesto sucede de forma natural, y podemos inferir que la falta de
paz es algo también natural, pero no quiero crear un sofisma, sino entender el
tema desde otra perspectiva más amplia, que nos sirva si cabe para aclarar un
poco las ideas. La fricción, el choque, el enfrentamiento, es la Ley, es como
el crisol en el que se cuece la sustancia una y otra vez a efectos de conseguir
alquimizar la materia y las especies, a través de infinitas combinaciones,
impulsadas siempre por el hálito de la Vida. En que condiciones se daría pues una
situación de paz real si todo es lucha?. Únicamente cabría en una situación de
reposo total, sin ninguna interacción, en una condición cercana a la ausencia
de Vida.
Por ello, la paz solo puede darse en el Centro-Origen, alcanzando el punto de
observación del Infinito que abarca todo como un Todo. Si somos conscientes de esto,
captamos el atributo divino de la armonía, y entramos en una situación de paz
reflejo de esta Armonía del Uno. También debió existir la paz en el momento de
reposo absoluto previo al Big-Bang, situación de total oscuridad inicial o Cero
Absoluto, aunque como se ha dicho, esta
situación corresponde a un estado de ausencia de Vida manifestada tal como la
conocemos. Todas las otras situaciones son en realidad estados de equilibrio o
de armonía relativa.
Una vez sentadas estas premisas, nos queda analizar un poco las causas que
llevan a las situaciones que el hombre define como carentes de paz, teniendo
bien presente que si se observara desde otro punto más global, la percepción
cambiaría. Partimos de la base de que lo que el hombre busca en realidad, es
una situación de armonía o una cierta estabilidad que le permita desarrollar
sus metas o alcanzar sus deseos, y normalmente solo está interesado en establecer
este equilibrio en aquellos aspectos que directamente le afectan, o sea, en
determinados círculos, países, clases o aspectos. Esto es debido al egoísmo propio
de la Humanidad, fruto de la individualización y de los instintos de la raza. No
se es habitualmente consciente de que lo único que se alcanza es un equilibrio
parcial, que en realidad pronto se romperá, debido a la acción de las propias fuerzas de la evolución, o a la
acción interesada. La continua fricción social, es en realidad el campo
evolutivo donde el hombre y la Humanidad deben progresar, y su campo de
aprendizaje.
El hombre como individuo físico, tiene una estructura triple; un cuerpo de
actividad o físico heredado del animal, un cuerpo emocional, que interactúa con
el medio y con la mente, y finalmente un
cuerpo mental, que a su vez se relaciona con las emociones y los sentidos. En otros niveles existen el cuerpo
causal (Alma) y el cuerpo espiritual. Habitualmente solo se es consciente de la
estructura física, pues lo demás está velado, y en algunos casos ni siquiera existe
conciencia de las verdaderas causas de los estados alterados emocionales o
mentales, y el hombre solo sabe que sufre, que se siente mal, que está inquieto
y desasosegado, o que le duele algo.
La enseñanza que recibimos desde pequeños, no
siempre es la más adecuada ni lo que realmente necesitamos. Nos enseñan a ser
sociales, nos dicen lo que podemos hacer y no hacer, que tenemos que ser buenos
(en mi caso me decían que tenía que ser un hombre de provecho). Esto ya es un
primer paso hacia la fricción, pues al quedar mis potencialidades limitadas y
no vivir mi experiencia, queda una energía sin liberar que estará ejerciendo
presión interna para manifestarse, y en determinados casos esta presión
subconsciente me hará actuar en discordancia con la ley de armonía. Desde esta
posición, si yo no estoy en armonía, difícilmente voy a poder alcanzar un
estado de paz, pues en cualquier momento puede surgir lo reprimido. Por otro
lado, el medio no cesa de estimularnos con ideas que generan deseos, y de alguna
manera nosotros los hacemos nuestros en creer que van a llenarnos de
satisfacción. Hay algo innato en nosotros que busca la felicidad, y esta
información que se nos da día a día, la asociamos con nuestros anhelos, produciéndonos
confusión. Esto nos induce a elecciones erróneas, de pareja, de objetivos, de
logros, que nos atan y por el que pagamos un alto precio. La lucha para alcanzar
estos deseos, fundada en la agresividad, en la competencia sin límite, en el
logro a cualquier precio, produce fricción en el medio y falta de armonía, es
decir falta de equilibrio, y con ello sufrimos y provocamos sufrimiento.
Cuando este sufrimiento llega a un determinado umbral, el hombre se hunde,
y en esta situación es vulnerable. Un ser en esta situación y con pocas luces,
puede ver anulada su voluntad por otros individuos conscientes con fines egoístas,
que le utilicen para sus propios objetivos, sustrayéndole las energias que van
a utilizar en provecho propio, a veces en contra de la armonía (actos violentos,
separativos, etc.). La mayoría de las veces el individuo que la ejerce ni
siquiera es consciente de que está sirviendo a una causa que no es la suya. También
se llega a la desesperación por las dificultades en que se ve inmerso el individuo
o los elementos de su familia por la falta de los elementos indispensables para
la existencia, tanto básicas (comida, asistencia médica, casa) como de tipo
social (escuelas, estabilidad política, trabajo). Cuando se rompen las bases
sobre las que sustentaba sus creencias el
individuo, y habiendo basado en ellas su patrón de vida, queda también en
situación de vulnerabilidad, y un ataque a esas convicciones lo considerará un
ataque a su propia esencia. Los que manipulan conocen este hecho y saben que el
hombre morirá por sus convicciones, y se valen de esta debilidad para obtener
sus propósitos.
La situación en el Tercer Mundo responde a menudo a acciones inducidas por países
desarrollados presionados por quienes en realidad detentan el poder, explotando
los recursos de países pobres con el único criterio de maximización de
beneficios. La consecuencia es que la población queda atrapada en un bucle de
supervivencia; los beneficios que llegan a la población son tan bajos que difícilmente
van a progresar, y al mismo tiempo les crea dependencia al haber roto su equilibrado
ciclo existencial anterior. A menudo, las grandes compañias se llevan los
recursos del país, les empobrecen y les causan daños ambientales graves. Gran
parte del beneficio que dan, se consume en la compra de armas para mantener el
orden con el que seguir expoliando el medio, llegándose a la paradoja de que países
con grandes recursos y que con una buena gestión serian autosuficientes, pasan
a estar fuertemente endeudados, teniendo que hacer frente progresivamente a una
deuda que les impide salir del hoyo. Estos son pues, algunos de los caldos de
cultivo donde van a crecer los gérmenes del fanatismo, del terrorismo, de la
injusticia, del hambre, y de la enfermedad, que van a convertirse en
situaciones de desarmonía y en la llamada “falta de paz”.
De hecho, lo ideal seria lograr un equilibrio múltiple, en el que cada cual
pudiera ejercer su rol, y vivir sus potencialidades en una fracción aceptable. El
problema causal a solventar está más en Occidente o Mundo desarrollado, que en
el tercer Mundo. El hombre debe concienciarse, darse cuenta de su
Universalidad, centrarse en su verdadero Yo y dejar de ser sensible a los falsos
logros. Si el cambio se iniciara desde las clases dirigentes, análogamente a como
actúan las energías evolutivas, el “nuevo orden” partiría de los más dotados y sería
un reflejo del plan divino, originando paulatinamente un avance a nivel global.
Si no sucede así, el camino es mucho más
arduo, provoca sufrimiento, y nos hace pagar a todos un alto precio, pues el
mecanismo en este otro caso parte desde abajo, y pasa por crear la fricción
suficiente para que “arriba” noten la tensión, vean amenazado su estatus y se
decidan a corregir alguna cosa, que posiblemente será el mínimo necesario para
reestablecer el equilibrio. Esto se repetirá una y otra vez hasta que los dirigentes
y la Humanidad sean conscientes de la Totalidad en que nos encontramos
incluidos, y de la interdependencia de todos con todos.
Un avance importante sería
aumentar la conciencia de los individuos a base de educación en los verdaderos
valores, pero a alguien cuyo hijo no
tiene que comer no le vaya Ud. con principios, le falta lo básico, y la
espiritualidad no la desarrollará hasta tener un mínimo estatus vivencial,
aunque acepte un consuelo espiritual que es lo que en realidad ofrecen las
religiones oficiales. Una mayor conciencia crearía más fricción al principio,
pero el avance seria más rápido. Desdichadamente, la educación y los medios
actuales, no están en esta línea, sino en la de tener controlada a la sociedad,
dándole estímulos artificiales que enmascaren la necesidad de armonía en el
hombre. Estamos educados en la cultura de “todo vale”, con la ambición sin
límite como un valor positivo, mientras las empresas siguen presionando a sus
trabajadores, para crecer más y obtener beneficios inmediatos, en lugar de
procurar que sean felices y estén motivados para incrementar su creatividad, lo
cual redundaría en un beneficio estable.
En resumen, si queremos un entorno armonizado, debemos
esforzarnos por:
1 Centrar nuestras vidas evitando objetivos y
situaciones que pongan en peligro nuestro equilibrio, necesario para estar en
armonía. Lo que nos sucede no es culpa de los demás, nosotros tenemos las
llaves para corregir el rumbo.
2 Tener los ojos abiertos al máximo, intentando
captar no solo lo aparente, sino lo que subyace tras de cada circunstancia. El
estudio de los Maestros, la meditación introspectiva y disciplinas como el
Yoga, nos ayudan a centrarnos, pudiendo llegar a captar la armonía y la Ley que
subyace en todo.
3 Ser solidarios como consecuencia de sentirnos
parte de la totalidad, pues la evolución no es tanto un logro individual sino
de toda la Humanidad.
Hay una luz de esperanza en los movimientos de Nueva Espiritualidad, aunque
en algunas filosofias y credos existe bastante inocencia y un exceso de glamour,
sin duda estimulados por la necesidad del ser humano de llenar un vacio
emocional. Esto responde a una falta de rigor, y le resta seriedad y hace daño
a un movimiento basado en la consciencia y a la capacidad de razonar y sentir
del propio individuo, que a mí modo de ver es la única alternativa para mejorar
la situación de la Humanidad. Por este camino finalmente se alcanzará el
deseado estado de equilibrio o “paz”, mediante el reconocimiento de esa chispa
de divinidad que todos llevamos dentro, y que nos situará en Armonía con el
Universo.
Con mis mejores deseos, Francesc Caparrós, 07-06-2004. Lo escrito es una
opinión.