¿Inteligencia vegetal
o Sabiduría Divina?

Comentario sobre un documental que recientemente
emitieron en TV-2, y que me impresionó profundamente. El título del documento era
“árboles asesinos”, y fue emitido en uno de los programas de sobremesa que
corresponden a temas sobre
El documental, refería una problemática aparecida en
África del Sur, donde hace ya algún tiempo, se está explotando una industria
turística de ocio, centrada en cacerías de unos cérvidos que habitan en estas
zonas. La fuerte demanda de este tipo de turismo, ha motivado que se
establezcan en la zona una gran cantidad de ranchos (si no recuerdo mal hablaba
de 200). En estos ranchos, como la
oferta es la caza, se ha incentivado la proliferación de los mencionados
cérvidos en número apreciable. Debido a este crecimiento, se creó un
desequilibrio en el medio natural.
Se exponía, que de un tiempo a esta parte se han
encontrado numerosos ejemplares de animales muertos, en aparente buen estado,
sin causa aparente de muerte ni lesión física externa, y en principio se pensó
que la mortandad era motivada por una epidemia vírica. Al generalizarse el
número de muertes, empezó a descender el turismo, por lo que los granjeros
decidieron iniciar una investigación a fondo de las causas de la muerte
misteriosa de los animales.
Un dato representativo del fenómeno, era que las muertes
se registraban en los ranchos, pero no en otras zonas donde los cérvidos eran
libres y estaban controlados por la depredación natural. Además, los ejemplares
muertos, aparecían cercanos a grupos de acacias, árbol muy común en
Para determinar las causas, contactaron con un reputado
biólogo de una Universidad de Sudáfrica, quien organizó un equipo de trabajo.
Este equipo, tras analizar el contenido del intestino de los animales, observó
la presencia de restos de vegetales y de hoja de acacia sin digerir, y
comprobaron que no había tenido lugar el proceso de fermentación que permite la
digestión y absorción de los nutrientes por parte del aparato digestivo.
Después de varias verificaciones, sospecharon que existía una relación entre
las acacias y las muertes, e iniciaron un amplio estudio de los citados
árboles, con unos resultados sorprendentes.
En primer lugar, se ha de destacar, que es común en este
árbol, de forma natural y como estrategia defensiva, la existencia de unos
pinchos o espinos, en la parte baja y media del follaje, que dificultan y
limitan la cantidad de hojas que los animales pueden comer, mientras que la
parte superior del árbol, solo es accesible para las jirafas, y ya no necesita
tantas defensas, pues el número de estas no representa una amenaza para el
árbol. Sucede que de esta manera, el árbol sufre una depredación uniforme,
consecuencia de los tres tipos de animales que comen del árbol, cérvidos,
elefantes y jirafas, y limitando de esta manera los excesos que pondrían en
peligro su supervivencia.
En el proceso de investigación, se procedió a aislar un
grupo de acacias, de manera que los depredadores naturales de estas, no
pudieran acceder a los árboles, y se tuvo al sistema en observación durante un
período de unos 2 años, a fin de establecer el desarrollo del árbol en ausencia
de depredadores, para poder comparar. A los 20 meses del aislamiento, se pudo
comprobar con sorpresa, que las espinas de la acacia habían reducido su tamaño
a la mitad, respecto al tamaño que presentaban en condiciones de exposición
natural. Era como si el grupo de árboles, hubiera detectado indirectamente que
los pinchos ya no eran necesarios en ausencia de depredación, y estaban
reinvirtiendo los recursos a otro fin, más eficiente para su evolución,
buscando un nuevo equilibrio (p.e. como si al aparecer nuevos brotes, fuera
requerida más sustancia en hojas).
Estas observaciones muestran a mi modo de ver, la
existencia de una inteligencia rectora, es decir, algo capaz de registrar un
hecho o experiencia y responder en función de su relación con el entorno, y el
patrón de respuesta intuyo que depende de la guía de evolución del propio árbol
o cuerpo causal. No es de extrañar la reacción del árbol en la dirección
tendente a optimizar recursos, pues la naturaleza siempre va “a tope” es decir
toda su energía va dirigida hacia el desarrollo de la Vida en su máxima
expresión posible.
También observaron, que otra especie de acacia, aparte de
los pinchos, había desarrollado una simbiosis con un tipo de hormigas. El árbol
les proporcionaba una sustancia alimenticia, de la que las hormigas se nutrían,
y estas protegían al árbol de las plagas de insectos como larvas, etc. A la
menor vibración de las ramas, un enjambre de hormigas se ponía en pié de guerra
contra el intruso que pretendía atacar al árbol.
Pero la acción inteligente no acaba aquí, pues como es
conocido, los integrantes del reino vegetal, se reproducen por floración, y en
este mecanismo, es imprescindible la colaboración de los insectos o de los
pájaros. Con el fin de evitar que las hormigas interfirieran en el proceso de
polinización, las flores desprenden una esencia odorífera que aleja a las
hormigas e impide que estas actúen durante esa época, en las flores. ¡Muchas de las máquinas inventadas por el
hombre, carecen de esta coordinación y adaptabilidad, así como de la sencillez
y perfección del plan!
Siguiendo con el proceso, se descubrió también, que en la
zona afectada, y debido al desequilibrio forzado en el medio por el incremento
de la proporción de herbívoros, el grupo de acacias desarrolló un nuevo
mecanismo de defensa que en este caso es el que provocó
El tanino, es un elemento que se encuentra de forma natural
en muchos vegetales, p.e. en la uva, y es un desinfectante natural y
antioxidante, que en general es perfectamente tolerado y tiene un efecto
beneficioso, pero en este caso, el incremento espectacular de su presencia en
las hojas, provocó la paralización de la fermentación de digestión de los
cérvidos, interfiriendo en la flora microbiana intestinal. Los cérvidos morían
finalmente por esta causa.
Podríamos añadir aún más evidencias de la inteligencia
que demuestra en su organización el reino vegetal, a fin de lograr su
supervivencia y reproducción, como prueban los diseños específicos y el
vehículo utilizado para la dispersión de las semillas. Como el vegetal no puede
trasladarse, utiliza insectos, pájaros o pequeños mamíferos para que esparzan sus
semillas en derredor. O el mismo repertorio de colores desarrollado para atraer
selectivamente a las especies polinizadoras.
Me pregunté como puede ser, que esta vida, que presenta
tantas limitaciones frente al Reino animal, pueda desarrollar esta inteligencia,
y llegué a la conclusión, que en el fenómeno expuesto, no es aplicable la
teoría de Darwin (con todos los respetos), pues el tiempo de
respuesta-adaptación, es muy pequeño. Es razonable pensar, que en el tiempo
registrado de 20 meses, la selección natural no ha tenido tiempo de mutar las
especies, pues se necesitarían varias generaciones, que no es el caso. En
consecuencia he enfocado las posibles respuestas en otra dirección; hacia el
mundo de las causas.
Lo que creo que movió a la rápida adaptación, fue un
fenómeno grupal, pues afectó a todos los árboles de la zona, pero no a otros
árboles de la misma especie situados en otras partes donde no se producían las
consecuencias del aumento de la población de cérvidos. En el medio natural,
existe un equilibrio, en el que cada especie tiene su depredador, el cual se
encarga del control de la población de esta especie y también de su salud,
eliminando los individuos más débiles. Este equilibrio, a menudo es roto por la
actuación insensible del hombre en el medio.
Algún mecanismo, fue capaz de registrar la merma o
deterioro de la especie, y de inducir cambios en el desarrollo de las acacias,
a través de unos hilos invisibles. Entiendo que el árbol individual, no dispone
de inteligencia por sí mismo, pues no dispone de suficiente desarrollo para
disponer de un cerebro, como podría ser el caso de un animal.
Entiendo que “esa parte subjetiva”, registra en la
contraparte energética de los árboles, la perdida de vitalidad o sufrimiento, y
este registro, en una determinada zona del cuerpo causal, (analogía del Alma
humana), provocó un cambio en la afluencia de energías hacia la manifestación
arbórea del grupo, que obligó a la contraparte energética a adaptar el cuerpo
denso (árbol) a unos cambios a efectos de evolucionar, (el reino vegetal es
sensitivo, desarrolla ya la sensibilidad, según queda en evidencia en algunas
especies).
El fenómeno, seria análogo a lo que hace el Alma humana,
que es el cuerpo causal que gobierna el cuerpo del hombre, (formada por una
retención de energías más incluyentes), cuando detecta bloqueos en el vehículo
físico o falta de fluidez en los contenidos. En estos casos, suele dar un tirón
a fin de que el vehículo de manifestación vibre y supere las anomalías. En el
caso del vegetal, podríamos decir que no existe el Alma individualizada, o que
es apenas incipiente, es decir que estamos tratando de un Alma como mínimo
grupal, que a su vez se integra con la
de otras especies, formando el Alma global
del Reino vegetal.
El elemento diferenciador para el grupo dentro de la
misma especie, podria bien ser un
subaspecto de Rayo, usando los mecanismos de adaptación. Si bien los fenómenos
subjetivos, son lentos comparados con los acontecimientos en la vida
fenoménica, 20 meses, si tenemos en cuenta el ciclo evolutivo del árbol, bien
podría ser un tiempo suficiente para manifestar los cambios. Pensemos que en
este caso, las fuerzas que impulsan las energías, son para estimular
determinados aspectos o centros de la actividad del árbol, para reorganizar sus
tendencias, e inducir cambios internos, lo cual es distinto que provocar
variantes evolutivas, que requiere procesos más lentos y largos, como seria el
caso de desarrollar la simbiosis de las hormigas. (Darwin pero visto a nivel
energético).
Con estos razonamientos, y siempre desde mi punto de
vista, llego a la conclusión que esta especie de acacia en particular, ha
llegado a un desarrollo evolutivo notable, pues estas acciones comportan la
existencia de un entramado de canalización de la energía tipo Nadi, más o menos
incipiente, capaz de dirigir los flujos energéticos adaptativos a los
correspondientes centros de fuerza y distribución, y confirma esta
circunstancia, aunque a priori no es demostrable, la rapidez demostrada en el
proceso adaptativo. En cualquier caso, creo que queda manifiesto, que lo que
dió paso a esta evolución, es una energía inteligente,
y lo que sucede después responde a la Ley de inevitabilidad, que es la
secuencia lógica de las leyes que rigen a todo el Cosmos.
No deja de maravillarme, la grandeza y universalidad de
estas leyes que nos gobiernan, y por lo menos en este caso, los científicos que
se ocupaban del caso, creo que habrán quedado muy sorprendidos por la evidencia
de tanta inteligencia. De hecho, “han rozado el Cielo con sus mentes”. Espero
de todo corazón, que el academicismo no les impida abrir sus ojos a tanta
maravilla, y permita la expansión de sus consciencias.
Francesc,
24-04-2004.