Dice el
Maestro Tibetano (D.K.):
Toda vida es vibración.
Después de pasar por
encima de esta frase en varias ocasiones, un día pude atisbar el significado
que englobaba en toda su amplitud. Se dice que las palabras son la
cristalización de una idea, en realidad meras aproximaciones y que el lenguaje
es limitativo frente a la gran riqueza de las emociones, sensaciones y
capacidad de expresión humana.
La vibración surge de la
interacción de la energía creadora con la sustancia, y haciendo una analogía me
fijé en el propio mar, donde aguas adentro el impulso del viento produce
movimiento, pero como el agua tiene libertad para desplazarse en todas
direcciones su efecto no pasa de un cierto rizado en la superficie y de un
movimiento ondulatorio de las masas de aguas. A medida que nos acercamos a la
orilla, donde existe el obstáculo del fondo, es donde son más aparentes los
efectos, como el mar queda limitado en sus movimientos aparecen las olas que interactúan
sobre la playa y el litoral, liberando allí su energía.
Volviendo a la idea
principal, la vibración originada por el llamado “aliento del Padre” no es más
que una forma mental o de pensamiento (elemento aire), impulsado por el deseo o
el amor (elemento agua) que fija la energía o idea a expresar, que impulsa a la
materia receptora a adaptarse. Por otro lado nos dicen que el móvil debe ser
altruista para que se manifieste, es decir, que esté en concordancia y armonía
con el Todo ¿por qué? Es evidente que si el móvil es altruista se trata de
Amor, y el Amor es aquella energía capaz de enlazar los opuestos.
Si el móvil no fuese el
amor, la única manera de que la idea se materialice es mediante la imposición o
el sometimiento de una de las partes, que de esta manera asumiría la posición
de pasiva o receptora, pues siempre hay un cierto rechazo o resistencia por los
mecanismos que intervienen para defender la propia identidad. Cuando el móvil
viene desde el amor, estos mecanismos ya no operan, pues el amor es respetuoso
con la individualidad, y se basa más bien en compartir. Por tanto, una idea de
tipo materialista solo puede progresar si subyuga o priva de libertad a la
parte afectada, y para ello es necesario una cuota de
poder y de capacidad de manipulación elevada. Considero que esto es además
plenamente aplicable a nuestro comportamiento social.
La energía creadora es
pues la energía del amor, que incorpora como onda la información que recoge la
idea del Creador o propósito. La energía del amor es como una onda portadora,
que tiene unos subarmónicos que contienen la
información, y esta parte de la energía es la que va a intercambiar contenidos
con la parte receptora.
Es también necesario
dirigir correctamente la energía, y esto requiere una atención hacia la zona de
actuación, que creará el círculo de manifestación o zona afectada, llamada
también círculo no se pasa. Al fijar la atención sobre la zona donde queremos
incidir, se energetiza y concentra la energía en esta
parte, introduciendo la vibración sobre el conjunto de sustancia afectada, que
de otra forma se dispersaría. Esto establece un nexo que se crea con sustancia dévica o angélica, que dará lugar a una pre-forma
etérica sobre la que se desarrollará el propósito
divino.
Debemos advertir el hecho
de que los elementos individuales constituyentes ya de por sí tenían su propia vibración
que obedecía a sus leyes intrínsecas, pero de forma independiente se van a
unir, pasando a sincronizarse dentro de la octava más incluyente de una vibración
global.
Y sentí en mí esta
vibración individual y también las múltiples vibraciones individuales, como
ruido de fondo dentro de la melodía principal, comprendiendo de golpe lo que es
la pirámide de la vida que es en sí el reino humano. La creación expresa pues
los 3 aspectos, la voluntad, el deseo
(amor) y el propósito divinos, que son los motores que generan toda la
vida en el universo.
Esto explica también la
correspondencia de los diferentes planos de de influencia coordinados; Búdico
(amor) que es el que en realidad genera el plano astral (deseos) al reflejarse
en lo inferior, el plano Átmico o Manas (ideación
superior) correspondiente al plano mental y el plano físico-etérico.
La vibración, es como un
latido coordinado, que en cada vehículo o cuerpo resuena de distinta manera,
hay como un defasaje, pero en su conjunto de 3 vibraciones es lo que resulta el
vehículo de expresión de la vida. En el cuerpo físico podemos localizar varios
de estos pulsos o vibraciones en el latido del corazón, en el ritmo de la
respiración y en la pulsión imperceptible del cuerpo que se trabaja dentro de
la terapia craneosacral y que se denomina marea. Hay
un ritmo mayor que es el que regula los biorritmos y también podríamos
encontrar estos pulsos en partes de nuestro vehículo, como en los órganos o en
las propias células. Por tanto, cuando percibimos este latir, esta vibración,
estamos sintiendo en realidad el pulso de la vida. No es este un apercibimiento
mental, sino que se trata de un sentir a través de un órgano interno, que
habitualmente no usamos.
Me dejó perplejo lo que
me evocó una sola frase, y lo fácil que es pasar de largo de los contenidos que
nos ofrece una obra, si nos limitamos a los mecanismos mentales de comprensión
y memorización. Si somos capaces de sintonizar con nuestro cuerpo y escuchar
los ritmos de sus diferentes elementos habremos ganado en sabiduría, pues
nuestras acciones van a requerir un mínimo de energía y serán mucho más
efectivas. También se evitarán conflictos y desgastes innecesarios, que nos
permitirán estar en armonía.
Es solo una deducción
razonada, os encarezco a que aportéis vuestras percepciones o conocimientos al
tema para acercarnos en lo posible a la verdad.
Francesc, 16-01-2007