Sobre la libertad
personal.
Nacemos libres, con unas capacidades innatas, que a mí me recuerdan a la figura del niño que nace con el pan bajo el brazo. La evolución y los condicionantes de todo tipo que padecemos en las etapas de la infancia y juventud, van tejiendo una madeja que nos aprisiona y no deja manifestar nuestras verdaderas capacidades. Con posterioridad, cuando nuestra capacidad de juicio ya está madura, quedamos prendados de lo que nos rodea, y tendemos otra tela que nos aparta de nuestro verdadero ser, al basar nuestra vida en ilusiones y falsas metas. Mientras perseguimos estos falaces logros, estamos “ocupados” y perdemos la verdadera percepción de la realidad.
Todo ello es consecuencia de las fuerzas que impulsan al ser humano a buscar la plenitud y la felicidad, y como lo más cercano a nosotros son aquellas ilusiones y lo que nos ofrece nuestro entorno, nos confundimos y nuestra la luz interior queda velada.
Me ocuparé aquí de esos condicionantes que limitan nuestras primeras vivencias, y cuyas consecuencias arrastramos de por vida si no consiguimos despertar la conciencia y revivirlas desde una nueva comprensión. Es una situación en la que se han reprimido las potencialidades de nuestro niño interior, o lo que podriamos calificar de nuestro verdadero “yo”, incólume, puro, verdadero. De estas potencialidades innatas, solo vamos a poder desarrollar algunas en nuestra vida, que constituyen mi “yo experiencia”, mientras que aquello que no he podido expresar por la presión del medio o la educación lo llamaríamos el “yo reprimido”.
Existe otro concepto importante en psicología, que es el del “yo idea” que corresponde al “yo” que hemos adoptado para convivir, como compromiso entre las diversas fuerzas a que está sometida la psique y nuestros deseos. Tendencias potenciales innatas, condicionantes sociales, educación y necesidades, nos hacen fabricar este concepto virtual que es con el que normalmente operamos y nos relacionamos, y que en el transcurso de la vida va llenando el “debe” con experiencias no vividas y alimentando el “yo reprimido”.
Si no somos conscientes de nuestra realidad, la mayoría de nuestras respuestas salen del “yo idea” y en consecuencia quien en realidad responde no somos nosotros, sino esas fuerzas y tendencias ocultas almacenadas en nuestra psique. Por otro lado, todos los contenidos reprimidos, aunque no estén dentro del campo de la conciencia ordinaria, están latentes, y ejercen una presión que en alguna circunstancia si algo o alguien destapa la herida, salen de forma destemplada, causándonos roces y problemas sin que ni siquiera nos expliquemos la razón.
Ilustraré lo expuesto con un ejemplo:
Hace escasas fechas, viví una experiencia familiar que me dió bastante que pensar. Estábamos celebrando el dia de San Esteban en familia, y yo pedí a mi madre, que no hacia falta que me cambiara el plato, con el criterio de simplificarle el trabajo y siguiendo pautas ecológicas. Mi madre, no me hizo caso, y hubo como un resorte que me impulsó intentando evitar que mi madre juntara mi plato con los sucios, en contra de lo que había pedido. Todo el mundo se asustó por la rapidez del movimiento, y casi se caen los platos, por lo que al final tuve que pedir excusas y dar una explicación de lo que pasó. En el interín me sentí claramente avergonzado, pues todo el asunto en sí carecía de importancia.
Luego me puse a reflexionar sobre lo sucedido, y comprendí que en la relación con mi madre, no fue suficientemente respetada mi libertad y capacidad de decisión, pues siempre estaba pendiente de mí, y a menudo imponía su criterio directa o indirectamente, con lo que me sentía abrumado y sin espacio para crecer. Aunque hoy estoy seguro que ella hacía lo que creía mejor para mí, esto en su día generó un sentimiento interno de rebeldía que hizo que esta relación madre-hijo se empañara en diversas ocasiones (soy hijo único y mi madre es viuda).
La sorpresa, es que a mis 58 años, cuando creía haber superado todos estos traumas, aparecieran estos conflictos de relación, máxime cuando mi madre es ya una venerable abuela de 83 años. Para precisar un poco el tema, revisé algunas de las heridas que podía haber sufrido mi niño interior, y debido a los hechos relatados, detecté que lo que mi psique había detectado era que se limitaba mi capacidad de decisión y mi libertad personal, y recordaba experiencias similares vividas en los años en que la personalidad se estaba afirmando. Por esto mi personalidad reaccionó con violencia, es decir a través de un movimiento automático del cerebro, donde debía estar guardado ese sentimiento por causas emocionales.
Una vez reconocidas las causas, establecí un tratamiento de sanación basada en las técnicas de PNL, que trabaja con afirmaciones, en tres etapas; en primer lugar dirigidas a la zona operativa del cerebro, y posteriormente a la zona emocional y primaria, tratando de reprogramar la información guardada. La técnica se basa primero en leer 3 veces durante 7 dias las afirmaciones (hay que usar la voz, no es suficiente pensarlas), en segundo lugar se hace lo mismo pero mirándose a sí mismo en el espejo, y en tercer lugar se escriben en una hoja de papel con la mano cambiada. Los resultados que se obtienen son bastante positivos, y si se hace adecuadamente se logran cambiar estas tendencias incontroladas.
De esta manera, lograremos cambiar la información guardada en el cerebro sobre acontecimientos pasados que nos afectaron negativamente, y que hoy nos pueden provocar respuestas inadecuadas. Igual que la vivencia relatada, que tenía que ver con un mecanismo defensivo, tenemos todos almacenadas en nuestro subconsciente traumas y respuestas que responden a situaciones vividas en el transcurso de nuestra existencia, que en su dia fueron evaluadas con los recursos de que disponíamos, y fueron interpretadas de forma errónea y parcial al faltar madurez y capacidad de comprensión. Por esto se hace necesaria una reinterpretación de las circunstancias bajo nuestro criterio actual, que tendría que llevar las cosas a su sitio (hoy no reaccionariamos igual, ni nos causaría el mismo daño al comprender las causas). Sin embargo la experiencia dice que esto no basta, pues estos recuerdos generaron fuertes sentimientos que están guardados en la profundidad de nuestra psique y hay que borrarlos.
Se considera que si no nos hemos autoanalizado, un 90% las
respuestas que damos no son nuestras, sino adquiridas o corresponden a
opiniones de nuestro entorno y a normas de
Conviene pues una reflexión profunda sobre nuestros comportamientos, localizar nuestros temores, nuestros complejos y nuestras actitudes y evaluar si nuestras decisiones son libres o condicionadas por alguno de estos factores, a fin de recuperar nuestro estado de libertad primigenio, del que nada ni nadie puede privarnos excepto nosotros mismos, pues es un don concedido por el Padre, y en su caso, deberemos realizar un serio trabajo para recuperar aquel estado del ser.
Expongo a continuación, las afirmaciones que yo usé para superar mi zona errónea, y que pueden servir en otros casos similares para lograr recuperar y potenciar la confianza en uno mismo. Es recomendable que en cada caso se hagan las adaptaciones personales que se ajusten más a su personalidad y situación.
Afirmaciones para
afianzar la seguridad personal y la libertad de decisión (3 veces).
Borro todas las creencias y pensamientos negativos relativos a mi libertad personal y mi capacidad de decisión.
Yo he nacido libre y escojo ser libre.
Acepto las consideraciones de los
demás si son correctas y éticas y si me convienen. La decisión es asunto exclusivamente mío.
Todo lo que parece atarme, está decidido y aceptado por mí. Líbremente puedo desprenderme de ello cuando así lo decida.
Yo soy un ser consciente que supera el sufrimiento como consecuencia de mi libertad y belleza internas.
Yo soy seguridad, y mi guia es la luz.
Yo soy corrección, si alguna vez me equivoco solvento el error en seguida.
Yo me perdono por mis errores, yo perdono a los demás por sus errores.
Yo amo al Padre y a la Madre, y en este amor alcanzo el amor de mis semejantes, la plenitud y la armonía.
Así sea.
Francesc, 18-01-2005