Paseando por el mar.      

      

 

 

Siempre me ha impresionado el espéctaculo de las olas embravecidas rompiendo contra el litoral, y en cuanto tengo ocasión me acerco para sentir en mí esas fuerzas de la naturaleza, que no son algo ajeno a nosotros, sino que simplemente forman parte del entorno en que vivimos. Esa comunión, me hace sentir fuerte y a la vez pequeño, es una buena cura de humildad para el ego siempre pendiente de crecerse, más que nada por tendencia a la seguridad y a contrarrestar los miedos. El “yo soy” bueno en esto, hace que me encuentre seguro en esta parcela y pueda mirar a los otros con orgullo, aunque en análisis más profundo, el hecho de depender de sentirme mejor en algo para mostrar seguridad, denota mis miedos internos, que aflorarán cuando las circunstancias de la vida cambien la tortilla, cosa que más tarde o temprano sucede inexorablemente, bien por el desgaste propio del tiempo o bien por un cambio de las variables en que nos movemos.

 

Esta es lo que marca la diferencia con el estado “YO SOY”, pues aquí ya no dependemos de nuestro entorno para saber quienes somos, y entonces nos volvemos autoconscientes, autosuficientes y asumimos la responsabilidad que esta certeza conlleva, sin miedos, pues la luz desplaza toda oscuridad. Responsabilidad que “es” respecto a nosotros mismos y hacia los demás, de los que podria decirse que son como una parte nuestra, pues provienen de la misma fuente.

 

En la reflexión que surgió de la contemplación de la naturaleza, se me presentó la visión de cómo “las aguas” modelaban la playa, en su incansable y enérgica acción, y que análogamente ocurría en las lluvias y en los temporales, donde el agua infundia vida a la innummerable cantidad de especies del reino vegetal, y al mismo tiempo se encargaba de destruir los árboles o especies menos dotadas o caducas, para dar paso a nueva vida, y también interactuaba con aquello que no era armónico con Gaia, dando pié a las últimas desgracias que hemos registrado.

 

El hombre, por obra y gracia del Creador, es como un aprendiz de brujo, y tiene la capacidad a su vez de crear, lo que sucede es que como lo hace desde planos de desarmonía, toda creación resulta efímera y sujeta al orden superior. No sucede así con aquellas creaciones inspiradas desde la Inteligencia Universal, en armonía con la Vida, que perviven en el tiempo.

 

Enseguida asocié el movimiento y la fuerza de las aguas, que interactuaban y modelaban la superficie terrena y daban pie a la vida del reino vegetal y al mismo tiempo a la destrucción y regeneración, como causadas por el efecto del aire, que crea las olas, mueve y desplaza las nubes y genera las lluvias, y en general mueven toda la climatología. En menor grado, el aire interactuaba también con la tierra, y mantenia efectos más sutiles, como desplazamientos de arenas, desgaste de estructuras rocosas, igualación de climas, transporte de semillas y muy importante, servia de medio para el movimiento en su seno de los insectos que daban pie y sustento a la vida vegetal mediante la polinización. En otro orden de cosas, también fui consciente de que a su través, viajaba el sonido y otras energias. O sea que el aire, era la causa de gran parte del movimiento y de la propagación de la vida en la superficie planetaria, y que en él tenian lugar fenómenos aún más sutiles, posiblemente poco comprendidos.

 

El siguiente razonamiento me llevó a asociar mis pensamientos con los tres vehículos de expresión humana, es decir, el cuerpo físico, emocional y mental. El cuerpo de nuestros pensamientos, sería como el aire, que manejaba “las aguas” o sea las emociones y los deseos, que actuaban y modelaban nuestro cuerpo físico, dotándolo de nuevas experiencias y eliminando aquellas partes caducas…. Y comprendí la grandeza de la Creación, autosostenida por su propia inteligencia, y me sentí aún más pequeño, casi ni una hormiga seria. En otro orden de cosas, no se puede negar que el mecanismo es similar, lo único es que las emociones y deseos son más sutiles que las aguas, y análogamente sucede con los pensamientos.

 

Y entonces, sucedió el milagro, salió el sol, y se estremeció hasta el átomo más profundo dentro de mi ser. En realidad, lo que estaba contemplando, todos los cambios, las olas, las lluvias, el clima, la Vida, la evolución, etc. solo tenia un motor, que era “EL SOL”. Las analogías eran ya fáciles, y me di cuenta que lo que nos sucede es que perdemos de vista el “Sol” en nuestras vidas, y nos centramos en las tormentas, en las olas, frio o movimientos inducidos, y nos identificamos con ellas. Análogamente a como en un dia esplendoroso en que brilla el sol, nos inundamos de felicidad, pues este debiera ser nuestro estado natural, cuando a través de las nubes que se forman en nuestra mente, podemos vislumbrar nuestro “sol central”, entramos en un estado de plenitud y nos acercamos al concepto de “YO SOY”, al dejar de identificarnos con los efectos, y atender a las causas, que son la única realidad, pues lo otro es sólo un movimiento adaptativo en un medio “que no es nuestra verdadera esencia” . y se me hizo presente, como nuestras emociones y deseos modelaban nuestra realidad física, muchas veces sin percatarnos de que el desencadenante era el propio elemento “aire”, y de cómo las nubes y los vientos velaban la visión del “sol”, y nos equivocaba en nuestros sentimientos y alteraba nuestra armonía y nos alejaba de la conciencia del “ser”.

 

Todo esto me entristecó, al comprender la situación en que nos encontramos en la humanidad, la ceguera de nuestros dirigentes y la necedad de aquellos que ceden su poder a cambio de nada, por tener miedo, por ignorancia, o por odio, que en el fondo es todo lo mismo, y vi la inconsciencia colectiva a donde nos lleva y lo que es peor a donde nos puede llevar, y sentí la tristeza del planeta, sentí su impotencia para resolver las cosas con amor, pues este aspecto del Padre dejó en nuestras manos la propia evolución planetaria, de la que somos responsables, y por tanto de la evolución de los reinos inferiores y de la armonia en el propio mundo.

 

Vi a todos ciegos, luchando y manipulando por tener más, cuando en realidad nada es nuestro, solo somos administradores, sentí la tristeza de aquellos que sufren, que no tienen el mínimo necesario y a los que se les niega la vida como humanos. Ninguna razón excusa esta negación, ¿que se ha hecho de la hospitalidad que reinaba en otras épocas?; simplemente la han eliminado de un plumazo, junto a la compasión, a través del miedo con que nos manipulan. Otra vez, estamos inmersos en las nubes y en las olas, y no vemos al sol. Comprendí en esto la intervención y el progreso de las fuerzas del “otro lado”, que a través de unos pocos tienen inactivada la evolución de millones de seres humanos, al impedirles un estado de equilibrio que les permita crecer, y lloré, lloré, lloré de impotencia, lloré como elemento humano al ver el sufrimiento que con todo esto se genera, y al comprender la situación de la Vida planetaria. 

 

Hermanos, si estas lineas os aportan un poco de reflexión, os estaré agradecido, pues sé que estáis todos en plena actividad, y quizás este escrito aún os ponga las cosas un poco más dificiles, al robaros unos minutos y porque el dejar de nadar a favor de la corriente a veces añade un esfuerzo adicional, pero desde aquí os expreso mi amor incondicional en este momento, y os digo, “ánimo, el esfuerzo vale la pena, pues ese sol es lo único que hay real en vosotros y que pervivirá, lo demás es ilusorio”.

 

Un abrazo en la luz,

 

Octubre 2005. Francesc.