Sobre la Belleza
Os habéis fijado alguna vez que utilizamos el término
belleza indiscriminadamente, como si fuese una característica homogénea y
carente de cualidad?. Por mi parte, creo que la
belleza es en sí misma el resultado de nuestra apreciación de determinados
atributos que se dan en algún objeto, que tanto puede ser una flor, una forma o
algo más abstracto como una melodía o un determinado paisaje.
Parece evidente que la apreciación de esta belleza,
requiere en primer lugar atención hacia el objeto contemplado, es decir,
tenemos que tener los “ojos abiertos” al presente y a nuestra realidad, pues si
estamos inmersos en otros procesos mentales o emocionales pasaremos de largo
sin apreciar lo que se nos ofrece. Se requiere además cierta sensibilidad, la
cual cada uno posee en mayor o menor grado, teniendo cuidado de excluir siempre
las proyecciones y los patrones inducidos, factores que nunca nos permitirían
contemplar la verdadera belleza, pues en este caso estariamos enfocados en un
puro proceso inducido de mente-deseo.
Esta sensibilidad, se puede también adquirir o
desarrollar en base a dedicar un esfuerzo o dedicación al tema objeto de
nuestro interés. Es bien sabido que asistiendo a conciertos de música o
visitando galerías de arte, sobre todo si vamos guiados, desarrollaremos una
sensibilidad hacia estas creaciones. Tal sensibilidad, es en realidad un
reflejo, una manifestación de una parte de las cualidades intrínsecas de
nuestra Alma, y lo que sucede, al ir progresando es que vamos manifestando esos
potenciales, y poco a poco se irá haciendo presente nuestra realidad
espiritual, representada en primera instancia por el Alma. Los buenos músicos,
pueden llegar muy cerca del éxtasis místico en un concierto, y se da el caso
que si te acercas cuando está interpretando no te oye, está como en “otro
lado”.
Las grandes creaciones u obras,
las cuales calificamos de bellas, sin duda trascienden la realidad
consustancial de nuestra actividad física de alimentarnos, reproducirnos y
sobrevivir, y a su vez son algo más que razonamiento, ya que sobrepasan a la
estricta lógica de la razón, aunque conviene matizar que en las cosas
racionales podríamos encontrar también una belleza, que en este caso
correspondería a la expresión de una armonía, un ritmo, un proyecto de
determinado proceso creador, bien se trate de una máquina hecha por un
ingeniero, bien se trate de
Pero es que un artista, un compositor, u otro creador, además
de ser capaz de registrar ese algo más, esa belleza, esa armonía, ha de tener
capacidad creativa, es decir ha de ser capaz de interpretar con su inteligencia
concreta y de plasmar en un cuadro o en una partitura eso que ha registrado con
su mente abstracta, además de disponer de suficiente técnica o recursos para la
creación. Se da el caso de artistas que utilizan solo la mente concreta, y en
este caso el resultado no ofrece belleza, ofrece algo mecánico o racional, y
aunque la técnica sea depurada, la creación no tiene vida. La diferencia en
ambos casos es lo que popularmente se conoce como tocar con el corazón o
técnicamente (con la cabeza).
En el supuesto que no existiera esta capacidad creativa
nos encontrariamos ante un mero registrador u observador, quien si bien tiene
capacidad de registrar esa parte abstracta o sutil, ese algo más, no tiene la
capacidad para la creación de una obra de arte. A este individuo, le falta
capacidad de realización, no tiene la estructura mental preparada para la
plasmación de lo que percibe. Hay que poner de manifiesto, que las verdaderas
creaciones, van a tener como consecuencia final el estimular la
percepción de otros seres, ayudando a despertar su sensibilidad, que como se ha
dicho constituye uno de los medios de los que se vale el Alma para lograr un
acercamiento del Ser a las cualidades síquicas y a su realidad espiritual.
Quisiera también matizar que la belleza tiene matices o
diversas cualidades características. Por un lado, como se ha dicho dependen del
observador, en aspectos tales como sensibilidad alcanzada, cualidades o
disciplinas a las que es más sensible, (técnicamente, vibración a la que
responde su ecuación energética). Pero es que por otro lado, existen también
cualidades inherentes a la propia naturaleza de la belleza, cualidades que a
medida que ampliamos nuestra consciencia se nos hacen más y más evidentes.
Por ejemplo, podríamos fijarnos en algunos casos a mi entender distintos:
Si nos fijamos en un manantial de agua, y nos centramos
en la belleza cristalina de la propia agua (no del entorno o de la cascada),
apreciaremos la belleza que expresa la simplicidad, el agua es en sí plena,
pura, expresa una perfección simple por sí, y a mí esto se me ofrece como una
muestra o reflejo de la belleza que caracteriza a las cosas que rigen las leyes
generales del universo o leyes espirituales. Debemos tener en cuenta que
estamos ante una abstracción de lo que visualizamos, pues en otro caso nos
centraríamos en algo manifestado y por tanto concreto.
Si por el contrario nos fijamos en la belleza de una
flor, podemos quedar impresionados por lo que su forma o colores evocan en
nosotros, o mas conscientemente podemos estar apreciando la multidiversidad de
la materia, en su lucha para la supervivencia mediante la adaptación y la
mutación, hasta lograr las formas más excelsas que son capaces de permanecer
frente a otras especies en competencia. Lo que manifiesta una flor, es lo más
adecuado para atraer a los insectos o pájaros que la van a polinizar, y seguro
que sus semillas habrán adoptado la forma más eficiente para sobrevivir.
También podriamos observar este efecto en una boda, donde el aspecto femenino
suele lucir multitud de colores y formas distintas en su apariencia, frente a
la relativa sobriedad que caracteriza al elemento masculino, que en este caso
representa la polaridad positiva. Todo
esto responde a patrones ocultos de los que no se suele ser consciente.
Otra apreciación más sutil tiene
lugar cuando quedamos impactados por la belleza de una buena acción, o por un
acto altruista o solidario. En este caso lo que está evocando en nosotros este
acto es la propia vida sensible del Alma, poniendo en evidencia la consciencia
de que “todos somos uno”, sentimiento que es opacado y enterrado en la vida de
la personalidad, por la propia necesidad de vivir la separatividad y
desarrollarnos como individuos antes de reconocer la vida inclusiva o fuente
común de la humanidad y de toda creación. Es como si sonara una campanita, y
este sonido nos resultara familiar y nos recordara algo, realmente son aquellos
unos momentos mágicos.
Es pues razonable considerar que en cada caso estaremos
apreciando atributos de belleza distintos, que dependen más de lo que evocan en
nosotros y de nuestra capacidad de sentir que del propio fenómeno en sí. Es
obvio que un insecto verá en una flor una fuente de alimentación, y para nada
va a quedar extasiado por su belleza, aunque también dispone de sensibilidad como representante del reino
animal.
Concluiré poniendo de manifiesto el hecho de que la
armonía y la inteligencia parecen reinar en todo, y el acto de apreciarlo solo
depende de nuestro grado de sensibilidad o de percepción alcanzado al sentir
esto que calificamos como belleza, y probablemente esa misma apreciación
inteligente ya de por sí manifiesta nuestro propio grado de evolución
espiritual. Finalmente, hago la observación de que si nos quedamos extasiados
ante una puesta de sol o ante una buena obra de pintura, cual no será nuestra
satisfacción y sentimientos ante la contemplación de la obra del Todo en los
planos subjetivos o causales de la
creación de “Aquel de quien nada puede decirse”.
Asi sea.
Francesc, 14-08-2004.
Lo
expresado corresponde a una opinión personal.