Sobre los animales

 

 

No deja de maravillarme la contemplación de estos hermanos menores del Planeta, cuya inteligencia, sensibilidad y destreza nos invitan a reflexionar sobre nuestra relación con ellos. Su supervivencia depende ahora de nosotros, aunque en otras épocas reinaban majestuosos en sus habitats, y a menudo era el hombre el perseguido, pues con mucho su fuerza y poder nos sobrepasaba. Únicamente el desarrollo de la inteligencia humana en el decurso de miles de años de evolución, ha posibilitado la consciencia de ser que nos distingue como especie. Gracias a esta consciencia se ha estimulado el desarrollo del intelecto y de la civilización hasta límites insospechados, pero no dejamos de tener vínculos con ellos como animal evolucionado que ha podido individualizarse de la manada, logrando el control de su propia vida.

 

La gran variedad de los animales y su expresión a través de innumerables especies (algunas muy mermadas hoy por nuestras acciones), son una expresión de la inteligencia intrínseca del Planeta en sus diversos grados,  no hay que olvidar que la capacidad de evolución y adaptación es una respuesta de la citada inteligencia a los condicionantes del medio, y es así para el mineral, el vegetal, el animal o el hombre mismo. Debido a nuestra visión limitada de una parte de una parte de los fenómenos, consecuencia de nuestra facultad discriminadora y de análisis, a menudo olvidamos que el método empleado para progresar es a través de los cambios adaptativos y los ciclos de vida y muerte.

 

A través de la película Génesis, que no me cansaré de recomendar, o también de algunos documentales difundidos por de los "medios", ha ido creciendo en mi la percepción de que estos seres, en algunos casos fieles compañeros, son parte viva de la propia evolución del Planeta y por ello factor implicado en la evolución de este mundo.

 

La diversidad, el ingenio de los mecanismos desarrollados para sobrevivir al entorno, nos muestran la inteligencia de la naturaleza, su característica dinámica y enorme capacidad de adaptación, que contrasta con algunos comportamientos humanos tendentes a cristalizar en lugar de adaptarse para avanzar y cambiar. El estatismo es como la muerte en este Universo, pues la vida es siempre cambiante, evolucionante, y esto es lo que me maravilló de la citada película. Dice el Maestro Tibetano, el hombre debe preocuparse cuando su vida es plácida y sin contratiempos, “pues quiere decir que está estancado en su crecimiento” . Nos pasamos la vida buscando la estabilidad, cuando todos sabemos que el agua estancada pronto se corrompe y crea actividad interna allí donde no la había, lo que no deja de tener cierta similitud con los procesos de la muerte, en realidad como se ha dicho un mecanismo de la vida mayor.

 

Bajo este punto de vista, la pena que sentimos por la muerte de esa mascota querida es matizada por otra comprensión, deberíamos tomar ejemplo de la forma como enfrentan la muerte los animales. He vivido hace poco un caso que me impresionó, se trata de la perrita de un amigo que mostró amor incondicional y fidelidad hacia su amo hasta el final, quien la llevó de la mano a que la sacrificaran por padecer un cáncer de huesos. Me imagino su mirada llena de inteligencia y confianza, y sé que esto lo recordará mi amigo por mucho tiempo. A ella le he dedicado unas líneas que inserto al final.

 

Me causa una profunda pena el ver que tratamos a estos seres como mercancías que aportan un beneficio, olvidando la vida que les anima, y que comparte el mismo mecanismo que anima la vida humana, aunque en esta exista el principio espiritual que nos otorga la capacidad de ser conscientes. Desgraciadamente, el hombre regula y condiciona la vida de las especies animales a su antojo y conveniencia, y así se nos muestran casos a través de los medios como el de los elefantes en Tailandia, que al dejar de ser necesarios para el trabajo, pasan a convertirse en una carga, y resultan un peligro si les dejan en libertad para evitar el trabajo de su cuidado. Somos nosotros los que hemos modificado y anulado la capacidad de sobrevivir de estas especies al domesticarlos, y ahora nos queremos desprender de ellos como quien se desprende de un fardo.

 

En otro orden de cosas, y esto lo encuentro aún más cruel, se les utiliza para la diversión. Observé en un reportaje como un niño jugaba con un cangrejo exótico que sus padres le habían comprado en una feria y que arrastraba en una bolsa de plástico minúscula. Lo que para el niño era un juego, para el animal representaba una tortura en su larga agonía. ¿Que responsabilidad va a aprender este niño hacia los animales?.

 

Se podría decir otro tanto de esos espectáculos de diversión en base al sufrimiento de los animales, tradiciones ancestrales que se han fosilizado, como es el caso de las corridas de toros, o de algunos espectáculos de circo. Es posible que en épocas en que la destreza humana se medía con la vara de la fortaleza, tuvieran su razón de ser dentro de la cultura imperante, pero en la época actual, la única explicación que se me ocurre es la de que esas personas que disfrutan con semejante espectáculo no hayan superado el espejismo de aquellos hombres en los primitivos circos de civilizaciones pasadas.

 

También tenemos esos casos de mascotas abandonadas a su suerte en las épocas de vacaciones, mascotas que son dependientes de nosotros y no tienen la posibilidad de sobrevivir por si mismas. Por lo que respecta a la actividad cinegética (caza), la tratan de justificar como algo saludable para la propia especie, pero yo me pregunto ese ser que mata, ¿en que piensa? ¿es que disfruta matando porque así se liberan sus instintos más primitivos? o ¿necesita expresar su ansia de poder doblegando a otras especies?.

 

El trato que se da a los animales de sacrificio que van al matadero es también abominable, pues se les maneja peor que a las cajas, ¿como es posible que exista tanta insensibilidad en el ser humano, lo más excelso que ha dado la evolución, al que se supone consciente?. En contrapartida contrasta la emocionalidad y el llanto ante los seriales de la tele basura y de la prensa rosa, en situaciones la más de las veces ficticias o de degradación personal. A este respecto, creo que deberemos revisar seriamente nuestro sistema de valores, si no queremos acabar destruyendo la vida planetaria y de rebote a nosotros mismos.

 

Son de hecho patrones de comportamiento que responden a algo muy profundo, pues hasta hace realmente poco tiempo, y aún se dan casos hoy en día, el hombre era capaz de esclavizar a otro hombre, convirtiéndolo en un objeto a su servicio, análogamente a lo que se hace hoy con los animales. Realmente se ha avanzado muy poco en evolución desde que el Maestro Jesús predicara con el ejemplo la unidad e igualdad básica de todos los seres humanos y por extensión de todas las criaturas vivas. El próximo paso evolutivo quizás tenga como eslabón este respeto global por la vida como expresión de la divinidad, respeto que hoy por hoy no tenemos.

 

En cualquier caso estas actividades demuestran la falta de sensibilidad y respeto hacia la vida planetaria. Personalmente pienso que la muerte como ocio, es algo deleznable, que va en contra de nuestra conciencia de seres evolucionados. Es un hecho, que los seres más avanzados espiritualmente ni siquiera aceptan la carne como parte integrante de su dieta, no como exigencia de una doctrina, sino porque simplemente su cuerpo lo rechaza. Nuestra insaciable civilización no duda en dejar las crías indefensas para cazar a la madre de un pájaro exótico u otros animales, con absoluta falta de escrúpulos consecuencia de su falta de conciencia.

 

Los animales se comportan de una forma que nos podría servir de lección para mejorar nuestro tipo de vida, viven el presente, y nos dan lo único que tienen, que es su incondicionalidad, su vida si es necesario, como la del caballo que muere reventado obedeciendo a su amo, o la del perro que lo defenderá hasta la muerte de algún peligro. Evidentemente tienen necesidades, porque les hemos sacado de su hábitat o lo hemos destruido, allí donde ellos vivían en perfecto equilibrio con su entorno.

 

¿Alguna vez hemos mirado cara a cara a un animal y habéis tratado de leer en sus ojos?, si lo probáis y vencéis su miedo instintivo, probablemente os llevaréis una sorpresa, pues allí encontraréis ternura, comprensión inteligente y amor incondicional que se traduce en voluntad de servicio. El animal es feliz simplemente cuando tiene cubiertas sus necesidades básicas y está saludable, su siquismo es muy simple, no realiza proyecciones. En definitiva, vive el presente y por ello está en armonía, solo hay que oír los trinos de los pájaros para darnos cuenta de lo errado que es a veces nuestro comportamiento. Cuando están enfermos no se atormentan, lo aceptan y tratan de superarlo, siguiendo los principios básicos de supervivencia de la especie.

 

Definitivamente somos unos seres llenos de contradicciones, y creo que es porque perdemos de vista la realidad, nuestra única realidad, que incluye la vida planetaria con todos los Reinos. Hasta que el hombre no levante la cabeza y se mire más halla de su ombligo, hasta que el hombre no asuma su papel como célula del planeta, y sepa que el planeta es un don de todos, que solo somos sus administradores y que debemos tomar nuestra responsabilidad, que los animales no son nuestra propiedad, sino nuestros hermanos menores, en realidad nuestra etapa anterior en la evolución, y que estamos obligados a velar por los Reinos “inferiores” como parte integrante de Gaia, no habrá esperanza para un mundo mejor.

 

Con amor, Francesc. 01-08-2005

http://encuentro-espiritual.com

 

 

A la perrita de un amigo.

 

Fosca amiga mía, con un suspiro

tu vida nos ha dejado,

esa vida que habías depositado

fielmente en las manos de tu amo….

a quien confiaste tu último aliento.

 

Esa era tu aportación, tu fidelidad

y tu amor incondicional.

 

Ya no me será posible contemplar

tus ojos lánguidos,

llenos de inteligencia y comprensión

que aceptaban y comprendían todo

sin preguntar porqué.

 

Y no darás más bandazos como hacías

cuando querías mostrar tus sentimientos

para alcanzar una caricia.

 

Como echaré de menos esos paseos por la montaña

en los que silente nos brindabas tu compañía,

y ese chapotear desgarbado en

cuantos arroyos encontrabas al paso.

 

Es curioso, pero no recuerdo haber oído

como ladrabas ni una vez,

y es que lo tuyo no era ladrar,

sino pura expresión de sentimientos,

y en ese lenguaje sobran las palabras.

 

Adiós Fosca, gracias por tu generosidad en los momentos compartidos.