EL
BUSCADOR
Aquel
que busca, oye tenuemente los imperceptibles susurros de la vida de Dios; ve el
aliento de ese susurro que perturba las aguas de la vida espacial. El susurro
penetra. Luego se convierte en el Sonido de las innumerables aguas y
en la Palabra de numerosas voces.
Grande
es la confusión, pero el acto de escuchar debe continuar. Escuchar es la
simiente de la obediencia, ¡oh Chela en el Sendero!
La
voz llega más audiblemente; se acallan súbitamente las voces, y el acto de
escuchar cede su lugar al conocimiento el conocimiento de lo que está
detrás de la forma externa, la percepción de lo que debe hacerse. El orden es
visto. El diseño surge con claridad.
Conocimiento
es la simiente de la actuación consciente, oh Chela en el sendero!
El
acto de escuchar y el conocimiento, también desaparecen, entonces puede
verse lo que ellos producen. Surge el Ser y la unión con el Uno Se conoce la
identificación no en este plano, sino en esa esfera superior donde actúan y
hablan los Grandes Hijos de la Vida. Sólo permanece el Ser. El trabajo se
ha realizado».