Lamberto García del Cid (lgarcia@redcientifica.com) http://www.redcientifica.com/autores/lga
http://www.redcientifica.com/doc/doc200304040001.html
De algún extraño modo el universo
es un universo participativo.
(John A. Wheeler)
Cuando el libro de Rupert Sheldrake Una nueva ciencia de la
vida apareció en Inglaterra, un editorial de Nature, la prestigiosa revista
científica, le consideró "el mejor candidato a la hoguera que ha habido en
muchos años", y sostenía que sería una pérdida de tiempo y dinero el
contrastar sus conjeturas. El Dr. Sheldrake introdujo en este libro la teoría
de los campos morfogenéticos, como él llama a los campos no-locales, aquellos
no relacionados causalmente. Estos campos, según el investigador, permiten la
transmisión de información entre organismos de la misma especie sin mediar
efectos espaciales. Es como si dentro de cada especie del universo, sea ésta
una partícula o una galaxia, un protozoo o un ser humano, existiese un vínculo
que actuara instantáneamente en un nivel sub-cuántico fuera del espacio y el
tiempo. Este vínculo es lo que Sheldrake denomina campo mórfico o morfogenético.
Al tratarse de una transmisión de información y no de energía, ello no
contradice la Teoría de la Relatividad. Por ejemplo, un roedor australiano
puede conocer sin que exista transmisión material, simplemente por resonancia
mórfica, algo aprendido por un roedor de su misma especie en Leningrado.
Siguiendo con el ejemplo, si llevásemos desde
Leningrado a Australia un enemigo natural del citado roedor, el pariente
australiano del roedor reconocería al momento a su enemigo al igual que lo
hacía su pariente ruso.
Esta teoría le fue sugerida en parte a Sheldrake por ciertos
experimentos de psicología animal donde dicho efecto parecía tener lugar. Estos
experimentos, realizados en los años 1920 en la Universidad de Harvard por el
Dr. William McDougall, trataban de descubrir en qué medida la inteligencia de
las ratas era heredada. El Dr. McDougall medía la inteligencia, en este caso,
por la habilidad de los roedores en recorrer un pequeño laberinto. Las ratas
"inteligentes", aquellas que resolvían el laberinto rápidamente, eran
pareadas con otras ratas "inteligentes" y lo mismo se hacía con las
ratas "torpes". Veintidós generaciones más tarde, en vez de ser las
ratas "inteligentes" las únicas más listas, todas las ratas
resultaron poseer una mayor inteligencia a la hora de resolver los laberintos.
Las ratas de la camada "menos inteligente" recorrían el laberinto
diez veces más rápido que cualquier rata de la camada original.
Otro ejemplo citado por Sheldrake es el de los famosos monos
de la isla de Koshima, en aguas de Japón. Un grupo de científicos alimentaba a
estos monos con batatas o boniatos sin lavar. Una hembra que respondía al
nombre de Imo, descubrió que lavando la batata en el mar, además de perder la
piel la molesta arenilla, éstas sabían mejor. Pronto todos los monos de la isla
de Koshima aprendieron el truco. Pero, y esto es lo extraño, todos los monos
del continente comenzaron a lavar sus boniatos, y ello a pesar de haberse
evitado el contacto de los monos de Koshima con los del resto del país. Pero este
extraño contagio no sólo funciona con animales, también tiene lugar con
cristales. Algunas sustancias son muy difíciles de cristalizar en el
laboratorio. Pero tan pronto como un laboratorio tiene éxito en la tarea, la
sustancia en cuestión comienza a cristalizar con mucha mayor facilidad en otros
laboratorios alrededor del mundo. Al principio se pensó que la causa pudiera
ser que investigadores visitantes portaran diminutos trozos de cristal en sus
ropas o en sus barbas. Pero finalmente esta causa fue desechada. Aparentemente
los cristales aprenden mediante resonancias mórficas.
El Dr. Sheldrake, luego de la publicación de Una nueva ciencia
de la vida, realizó dos experimentos para refutar o verificar su teoría. El
primer experimento fue patrocinado por la revista New Scientist, de Londres, y
el segundo por la Brain/Mind Bulletin, de Los Angeles. Ambos experimentos
parecieron confirmar su teoría.
En el experimento patrocinado por New Scientist, a personas de
distintas partes del mundo se les dio un minuto para encontrar rostros famosos
escondidos en un dibujo abstracto. Se tomaron datos y se elaboraron medias.
Posteriormente la solución fue emitida por la BBC en una franja horaria donde
la audiencia estimada era de un millón de espectadores. Inmediatamente de
realizada la emisión, en lugares donde no se recibe la BBC, se realizó el mismo
"test" sobre otra muestra de personas. Los sujetos que hallaron los
rostros dentro del tiempo de un minuto fueron un 76 % mayor que la primera
prueba. La probabilidad de que este resultado se debiera a una simple
casualidad era de 100 contra uno. Según el Dr. Sheldrake, los campos
no-locales, o campos morfogenéticos, habían transmitido la información a toda
la "especie", sin detenerse en aquellas personas que presenciaron la
mencionada emisión de televisión.
En el experimento patrocinado por el Brain/Mind Bulletin de
Los Angeles, a varios grupos de personas se les pidió que memorizasen 3 poemas
distintos. El primero era una canción infantil japonesa, el segundo un poema de
un autor japonés moderno y el tercero un galimatías sin sentido. Tal como la
teoría de los campos morfogenéticos predice, la canción infantil, habiendo sido
aprendida por millones de niños durante muchas generaciones, aunque éstos
fueran japoneses, fue memorizada notablemente más rápido que las otras dos
alternativas.
Sheldrake no fue el único en realizar experimentos de este
tipo. Gary Schwarz, psicólogo de la Universidad de Yale, patrocinó un
experimento similar en el Tarrytown Executive Conference Center de Nueva York.
A estudiantes de Yale que no sabían hebreo se les mostraron palabras hebreas de
tres letras, la mitad de ellas sin sentido. Los estudiantes obtuvieron mejores
resultados en el reconocimiento de palabras "reales" en una proporción
superior a la que cabría esperar como mero fruto del azar.
Debido a que la ciencia institucional se ha vuelto
conservadora, tan limitada por los paradigmas convencionales, algunos de los
problemas más fundamentales son ignorados, tratados como tabú o puestos en el
último lugar de la agenda científica. (Rupert Sheldrake)
Nuestra conciencia, según Jack Sarfatti, puede percibir al
instante y, al instante, influir sobre cualquier parte del universo. Puede
abandonar el cuerpo y vagar más deprisa que un fotón a través de ámbitos
infinitos sobre cualquier parte del universo. En palabras del propio Sarfatti:
"Dudo de la existencia de poderes de psicoquinesis y de la transferencia
supraluminal de información. Sin embargo acepto la posibilidad de su
existencia, ya que la mecánica cuántica parece tener sitio para ellas".