Retrato de la Costa Brava.

 

¿Te acuerdas de aquel día de verano cerca de mar?

era al anochecer y veníamos del faro de San Sebastiàn.

La tarde caía tranquila,

una dulce somnolencia hacía lento el andar,

y la sombra de los árboles invitaba a reponer.

 

El camino por donde íbamos,

lleno de pinos y alguna encina

de perfumes embriagantes era rodeado,

todo lleno de ortigas y enebro amargo.

 

Cuando al fin lleguamos encima del precipicio,

la bravura de aquellas aguas contra las rocas rompiendo

era como un estallido de luceros de multicolor brillante,

y en el retirarse las aguas con la espuma blanqueante

era como si suspirasen y no quisieran marchar.

 

¡Qué mar la costa brava!, ¡qué belleza y encanto!

pintada por buenos pintores y canto para sus amantes.

 

Y cuándo en el final de la tarde el sol se iba alejando,

de mil colores el horizonte, las aguas remansaban quietas en un especial rumor de paz,

y rompiendo aquel silencio de paz y de serenidad,

con un grito hiriente y con las alas bien extendidas

volaban las gaviotas, como grandes conquistadores.

 

 

 

Pepita, agosto 2005