A mi compañera:
En los
momentos de confusión,
no dejes
que las sombras apaguen tu aroma y dulzura,
deja que
mis brazos estrechen tu desnudez,
que mi
corazón palpite junto al tuyo,
y que
nuestros alientos se junten en un único suspiro.
Permite que
la sensibilidad del roce de tu pecho
rinda toda
mi hombría,
a la
perfección y belleza de estos momentos,
y deja
así afluir las fuerzas universales del amor.
Quizás aún
no sea hora de que nuestro jardín fructifique,
de que
esta belleza trascienda y se exprese por si misma,
pero con
la sabiduría que brinda la experiencia,
con la
fortaleza que expresa la voluntad de vivir
y la
certeza que aporta la percepción del Uno,
lo natural
es que acabe floreciendo,
como parte
de ese otro amor más incluyente.
Y otra vez
se habrá producido el milagro
de la
Vida que se expresa a través del caos.
o lo que
es lo mismo
de la luz
que surge de las tinieblas.
Francesc 7-5-06