Cuando tus rodillas flaqueen

y tus ojos reflejen la tristeza,

cuando tu corazón tenga ganas de llorar

su soledad e incomprensión,

 

Abraza, abraza sin temor

a un compañero, a un árbol o simplemente

túmbate de bruces en el suelo de la madre Tierra

y fúndete con esa realidad

que nos envuelve e integra.

 

Pero sobre todo, adquiere la conciencia

de que no estás solo,

levanta la mirada hacia el Sol

y alcanza la comprensión

de que nunca estamos solos,

de ahí, nuestra filiación divina.

 

 

 

Francesc, 28-06-2006