Cuando
tus rodillas flaqueen y tus ojos reflejen la tristeza, cuando tu corazón tenga ganas de llorar su soledad e incomprensión, Abraza,
abraza sin temor a un compañero, a un árbol o simplemente túmbate de bruces en el suelo de y fúndete con esa realidad que nos envuelve e integra. Pero
sobre todo, adquiere la conciencia de que no estás solo, levanta la mirada hacia y alcanza la comprensión de que nunca estamos solos, de ahí, nuestra filiación divina. Francesc, 28-06-2006