El
verdadero amor
Que cerca estás Alma mía, y
que lejos te siento a veces.
Yo quisiera siempre tenerte
presente a mi lado,
y en abrazo perpetuo, en consciencia, transitar juntos
este tortuoso camino de nuestra vida.
Sé que es el camino escogido
para mi evolución,
pero cuantas lágrimas comporta, que pesada carga
y como cuesta de superar cuando tú no estás presente.
Eres como una sirenita, te
siento latir pero al mismo tiempo
estás como ausente, y cuando intento atraparte
te deslizas entre mis dedos como la claridad de la
mañana.
Pues esto eres en esencia,
luz reflejada de una fuente muy especial
que constituye la esencia del Ser,
la verdadera causa y motivo de existencia,
Chispa Divina que permanece
silente
observando con plena comprensión la evolución
del Hijo en el seno de la Madre.
Es plena la comprensión por la
infinita inteligencia
como parte del Todo, y sufre con nosotros cuando erramos.
Renueva nuestras energías
cuando flaquean, y
alienta nuestro corazón cuando llora,
consecuencia de nuestros inevitables errores,
no debidos a nuestra voluntad sino a nuestra
inexperiencia
y temporal ceguera que nos aparta momentáneamente
de la luz y nos sumerge en las sombras.
Oh Alma mía! Para cuando
tendrá lugar
la definitiva unión, el verdadero matrimonio,
que será para siempre, dentro de esta esfera,
donde tú y Yo eternamente juntos seremos Uno.
¿Te imaginas, la Madre, la Esposa y el Hijo unidos,
reconociendo en plena consciencia
a la única e infinita Seidad
en toda su Gloria?
Hoy es un día especial, todo
me sonríe y
y es porque he conocido a mi verdadero amor.
Mi corazón rebosa, ya no
necesito nada más,
por fin gracias a tí Alma mía me
reconozco,
como un ser en toda su plenitud por la gracia del Padre.
Francesc, 27-12-2004